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Policía del mundo – Por Jorge Bethencourt

   

La modificación de la capacidad de la Justicia española para adentrarse en crímenes que afectan a la humanidad o a ciudadanos de otros países, que no son españoles, está provocando una oleada de contestación en quienes consideran que debemos sancionar y perseguir aquello que consideremos delito allí donde se produzca. Este es un país manifiestamente hipócrita y sus políticos lo son aún más. Tanto quienes quieren perseguir los abusos cometidos en otras partes del mundo como quienes se niegan a hacerlo porque ocasiona problemas comerciales o políticos al gobierno de turno. En este momento hay varias casos que no afectan a ciudadanos españoles. La pregunta es por qué sólo existen unas pocas causas abiertas. Es difícil explicar, ya que perseguimos crímenes por todo el planeta, cómo no estamos pidiendo órdenes de detención internacional contra los dirigentes civiles y religiosos de aquellos países donde se practica la ablación. En China, desde Tiananmen hasta la actualidad, tenemos docenas de líderes políticos para detener y encausar por crímenes contra la humanidad. En Cuba tenemos a toda una dirigencia que durante medio siglo ha mandado a pudrirse en cárceles a la oposición política que pedía una democracia. En Estados Unidos tenemos al presidente, premio Nobel de la Paz, que mantiene abierta un prisión ilegal en Guantánamo donde se vulneran todos los derechos y las garantías de las personas allí detenidas y torturadas. En Corea del Norte hay que detener urgentemente a un tirano que machaca a su pueblo y que es capaz de ejecutar a su propio tío con una manada de perros hambrientos. En África tenemos docenas de tiranías donde los sátrapas de turno ejecutan a la oposición si que les tiemble un pelo de las pestañas. ¿Seguimos? Ser el gendarme del mundo y el juez de la tierra tiene sus problemas, sobre todo cuando, como país, no tienes ni media bofetada. Para aplicar la Justicia se requiere, entre otras cosas, de la fuerza. Nadie va al talego voluntariamente. Nadie se detiene a sí mismo. Quienes predican que España aplique la justicia universal se refieren a unos pocos casos mediáticos. Y quienes dicen lo contrario quieren evitar conflictos con otros gobiernos, algunos de ellos florecientes dictaduras. Los tribunales internacionales funcionan bastante mal. Pero es lo único que tenemos. En vez de hacer de inútil don Tancredo tal vez deberíamos apostar por ellos.

@JLBethencourt | www.jorgebethencourt.es