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El pregón del Carnaval – Por Félix Díaz Hernández

   

En primer lugar debo dar las gracias a quienes han pensado que mi humilde persona podía ser un buen pregonero de esta edición del Carnaval. Sinceramente, dicho honor me produce dos sensaciones encontradas y muchas veces reiteradas: orgullo y responsabilidad. Sin embargo, el Carnaval del que les quiero hablar no es la fiesta de las lentejuelas, ni de las purpurinas; tampoco la de los grupos de amigos disfrazados; ni el de los churros por la mañana… Es un Carnaval que ya empezó hace meses, casi como los ensayos de las murgas, comparsas, rondallas… Un Carnaval que traza rayas en croquis; cuenta metros lineales; planifica estacionamientos; rutas de emergencia; desvíos de tráfico; número de efectivos para la atención sanitaria o la seguridad. Es el Carnaval que no se ve y que cuando termina la fiesta, se suele resumir en unos fríos números que no reflejan ni de lejos, el esfuerzo, las horas y la dedicación de las miles de personas que allá donde se celebra una fiesta carnavalera velan por nuestro bienestar. Las fantasías, los disfraces de este enorme colectivo carnavalero no son muy originales, pero sí bailan entre una gama de colores que comienza por los azules o los tonos oscuros policiales; saltando al azul marino de los bomberos; el rojiblanco de Cruz Roja; las batas blancas sanitarias; el naranja de Protección Civil o el amarillo de AEA. Cuando esa orquesta de colores se pone en marcha y suenan las sirenas; cuando se desborda el Carnaval en nuestras calles, ellos ya están afinados. A todos esos profesionales y voluntarios que integran este equipo engrasado por la experiencia, y con los que tengo el placer de trabajar cada año, dos cosas: gracias y Feliz Carnaval.

@felixdiazhdez