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LAS PEQUEÑAS COSAS >

Presente o futuro – Por Irma Cervino

   

El ascensor está de nuevo operativo y Pepe, el policía destinado a nuestro edificio, ha regresado de Villagarcía de Arousa, a donde se marchó en Navidades para ver a una tía enferma. Así que, desde el lunes, Carmela está que no cabe en sí de gozo. El tráfico intenso de la escalera ha disminuido y ya no tiene tanto que limpiar. Además, ha retomado su romance con Pepe que volvió decidido a casarse con ella. De hecho, para refrendar su compromiso le ha regalado un anillo bañado en oro y diamantes con lo que lleva toda la semana que no friega por miedo a perderlo. Quien no está nada contenta es la Padilla, aunque eso es algo normal en ella, y ya ha amenazado a Carmela con echarla si no reemprende, cuanto antes, la limpieza del edificio.

Pepe, que ha regresado un poco chulito de su viaje por tierras peninsulares, le dijo que a su futura mujer “ni tocarla” y que se andara con cuidado porque si era cuestión de ponerse legal, él llevaba las de ganar y, entonces, le sacó lo del cuartito convertido en peluquería clandestina. Para evitar problemas, y a pesar de que Juanpe se ofreció a fregar las escaleras –sin horario hasta que se arreglase la situación. La Padilla lo ignoró y obligó a su hijo Tito a que fuera él quien pasara la fregona. Por lo que Chaxi pudo escucharle decir entre dientes el otro día, el chico está pensando en marcharse de Erasmus. No me extraña.

Aunque iniciaron la semana bastante comedidas, las hermanísimas terminaron como siempre: armando lío. Todo empezó cuando el cartero dejó un paquete para la Padilla y Úrsula -que, en ese momento, entraba en el portal- lo recogió, amablemente, asegurándole por sus hijos (que no tiene) que se lo entregaría en mano. A fecha de hoy, todavía no lo ha hecho y ya han pasado cuatro días desde entonces. Brígida fue la que puso sobre la pista al comentarle a Carmela que su hermana llevaba varios días encerrada en su cuarto sin salir. Preocupadas, avisaron a Pepe. Sin dudarlo, el hombre forzó la puerta y la encontraron con la luz apagada y consultando una bola mágica. “Dios mío, Ursi ¿Qué haces?”, le gritó su hermana, como si estuviera haciendo otra cosa.

Pepe registró la habitación pero no vio nada raro. Lo más extraño era aquella bola en la que según confesó Úrsula podía ver el futuro. Obviamente no le hicieron caso y como animal herido se revolvió y gritó que algo malo estaba a punto de pasar en el edificio. Al día siguiente, a las siete de la tarde, la peluquería se incendió. Desde entonces, Carmela, Pepe, las hermanísimas y yo somos los únicos que sabemos de la existencia de la bola mágica. No la hemos vuelto a consultar pero Carmela me ha dicho que, en cuanto pueda, preguntará sobre su futuro con Pepe. A todas estas, la Padilla ha llamado ya a Correos demandando el retraso de su paquete.