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La primera vez – Por Francisco Pomares

   

En más de 30 años de historia del Parlamento de Canarias, por los salones y pasillos de Teobaldo Power se ha escuchado de todo, incluyendo insultos entre los diputados, o aquel famoso “hijo de puta” que se escapó al entonces presidente del Parlamento, José Miguel Bravo de Laguna, refiriéndose (en privado) a un diputado de Fuerteventura, al que pidió disculpas (públicamente). En todo ese tiempo no existe ni un solo precedente de que un empleado público, compareciendo ante una comisión parlamentaria, insulte y amenace a un diputado en sede parlamentaria.

Así había sido hasta el pasado jueves. Willy García, director general de la tele canaria, faltó primero el respeto y amenazó después a la diputada del PP Águeda Montelongo. Los hechos ocurrieron durante una comparecencia parlamentaria en la Comisión de Control, en la que Montelongo criticó la decisión de García de autoaprobarse un seguro de responsabilidad civil. Montelongo le recordó que esos seguros no cubren según qué cosas, y entre ellas se refirió a posibles fraudes en la contratación de producciones a amigos, que ya llamaron la atención a la Audiencia de Cuentas y a algún miembro del Consejo de Administración de la tele. García se permitió primero ridiculizar a la diputada, a la que comparó con Mortadelo y Filemón, al parecer (según el director general) porque la diputada y miembro de la Mesa de la Cámara habría aprovechado una entrevista en la tele que dirige el señor García para hacer algunas preguntas a empleados y periodistas sobre los asuntos de los que ella se ocupa en tele. Después de referirse a la diputada en términos inadmisibles, García la amenazó con toda claridad con pasarle factura si seguía ocupándose de las investigaciones que su partido le tiene encomendadas.

No se trata tan sólo de una increíble demostración de chulería por parte de García: intentar coaccionar a un diputado es un delito tipificado por las leyes. La amenaza fue tan evidente que incluso los parlamentarios de los partidos que apoyan al Gobierno han afeado públicamente la conducta de García considerándola impropia. La diputada Montelongo ya ha pedido amparo a la Mesa del Parlamento, y ha solicitado la reprobación parlamentaria del director del ente. No se en qué acabará este asunto, pero García es el protegido de Rivero, su guardián de las llaves de la tele. Es probable que el presidente, que no para de pagar peajes de todo tipo por los comportamientos de su cancerbero, decida seguir apostando por su continuidad contra viento y marea. Pero me extrañaría que la mesa de la Cámara dejara pasar una agresión como esta a uno de sus miembros.