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el revés y el derecho>

Protesta y paradoja – Juan Cruz

   

Pues he opinado de este asunto en varios lugares, la última vez en una cena con una soriana (de Soria, de la provincia de Soria, hay que especificar) que ejerce con inteligencia y donaire el cargo de directora de museo en Ibiza. Se llama Elena Ruiz Sastre, vino a Arco y estuvimos juntos en una cena a la que nos convocaron unos amigos suyos. En un momento determinado de la cena, en la que estaba también el poeta Julio Llamazares, surgió el tema de las prospecciones de petróleo que también amenazan las costas de Baleares, con las mismas consecuencias previsibles que las que tendrían en las Islas Canarias. Lo que decíamos, y decía yo mayormente, era la expresión de una paradoja: ¿cómo es posible que el mismo Gobierno popular que en nuestras islas organiza las prospecciones tenga en las Baleares y en Valencia fieles que exigen que no se hagan estas prospecciones? Decían en esa cena que en Ibiza y en las restantes islas mediterráneas se han alzado los poderosos del lugar (mayoritariamente miembros del Partido Popular) porque el principal de todos ellos, Abel Matutes, tiene altos intereses turísticos que podrían verse afectados por la polémica surgida en torno a los inconvenientes medioambientales de esta operación organizada en Madrid. Puede ser, pero, repito, ¿cómo es posible que un mismo poder político ampare posiciones tan dispares en un lugar y en otro de España? Por otra parte, y esta es otra pregunta que me hice en la cena ante nuestra amiga de Soria (de la provincia de Soria) que ejerce en Ibiza: ¿por qué en las Baleares ha habido en seguida intelectuales, artistas, escritores, periodistas, que se han enfrentado en la calle y en las firmas contra la idea de las prospecciones y entre nosotros haya habido hasta ahora tan pesado silencio? ¿Por qué, en efecto, somos lentos a la hora de reaccionar? ¿Por qué nos da igual que se haga con nuestras costas? Seguramente no es así, pero lo parece. En cuanto al referéndum, ¿qué quieres que te diga? Creo que si está en las leyes y es legítimo, nadie lo puede impedir. Lo que llama la atención es que no haya habido manera de introducir en este debate (político, medioambiental) el más mínimo consenso. ¿Una cuestión personal, una estrategia política?