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Qué escándalo – Por Jorge Bethencourt

   

Hay películas que son mitos. Una de las peores y más grandes es Casablanca. En el universo blanco y negro donde se mueven Bogart y la Bergman en su historia de desamor, destaca la figura del comisario Louis Renault, el cínico policía que cobra del garito de Bogart y mientras recibe un sobre exclama “qué escándalo, qué escándalo, he descubierto que aquí se juega”. Hay gente que está descubriendo cosas que, como en Casablanca, estaban en el primer plano de la realidad cotidiana. Después del fraude de los cursos de formación que reventó en los bajos de la UGT de Andalucía, ahora aterriza un posible nuevo fraude de 15 millones de euros en la patronal madrileña. Ya llueve sobre mojado. Después del escándalo del Forcem, donde nunca se dieron miles de cursos subvencionados por fondos europeos, Aznar cambió la ley para cambiar la trampa. Y además, como se hace casi siempre en este país, decidió crear una comisión para resolver el problema: la Comisión Tripartita que sienta a representantes de la Administración del Estado, sindicatos y patronales para, entre otros asuntos, vigilar el espinoso tema de los cursos de formación. Es un secreto a voces que los cursos han servido más que para aprender a alicatar una cocina o dominar las excelencias del gotelé. El peculiar carácter mediterráneo de los españoles, que nos hace tener el mejor aceite de oliva y una de las peores clases políticas, hizo que la financiación de los partidos, sindicatos y organizaciones patronales fuese un asunto vergonzoso. En vez de apostar por un sistema claro y transparente, suficiente para el funcionamiento de las instituciones que sirven para apuntalar el sistema democrático, el asunto se trató como el que va con ladillas a la consulta del médico. Cuando las cosas no se exhiben a la luz se favorece que se muevan entre tinieblas quienes sirven de herramientas para partidos, sindicatos y patronales y que, de cuando en cuando, en vez de ayudar a financiar a estas organizaciones terminan financiándose a sí mismos, que es como se hace la caridad bien entendida. Ahora, años y años después de ver escándalos de todos los colores que se basan en la incapacidad de los partidos, sindicatos y patronales para asumir públicamente lo que ingresan, habrá quien diga como Luis Renault: “Que escándalo, qué escándalo, aquí se juega”.