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Recordar – Por Jorge Bethencourt

   

Casi todos hemos visto alguna película del Oeste donde se cita la batalla de El Álamo. O alguna de las que se han dedicado específicamente a contar la odisea de un centenar de tejanos que murió heroicamente en la misión de San Antonio de Valero, que es como se llamaba realmente el conjunto de edificaciones cercadas por el general mejicano López de Santa Anna y unos mil quinientos soldados. La historia de la resistencia numantina de los tejanos, con personajes como Bowie o Travis, que acabó con la épica muerte de todos ellos, ha sido mitificada por la literatura y el cine. Es lo mismo que ha ocurrido con acontecimientos bélicos similares donde el heroísmo de unos pocos hombres y mujeres se transforma en un relato emocionante que trasciende del relato histórico para adquirir características diferentes, de leyenda. Cualquier ciudad que tuviese en su historia una batalla y una gesta como la del 25 de julio en Santa Cruz de Tenerife, la habría incorporado a su patrimonio de intangibles y a su atractivo turístico. El enfrentamiento reúne todos los requisitos porque dicen que uno se vuelve tan grande como la estatura de sus enemigos y nuestra capital se enfrentó a un militar inglés cuya fama posterior lo convirtió en un personaje en la historia británica. La épica de una figura como Nelson, dispuesto a desembarcar fácilmente en Santa Cruz con una fuerza de mil y pico hombres, para colocarse una cómoda corona de laurel, y que se encuentra con una inopinada resistencia de unos pocos cientos de defensores, que fracasa en su asalto a pesar de contar con fuerzas abrumadoramente superiores y que resulta además gravemente herido, tiene todos los elementos de la heroicidad y la leyenda. Soy de los que creen que en vez de un chicharro o una canción de salsa o merengue, a los ciudadanos de Santa Cruz les convendría más como símbolo de la ciudad el cañón Tigre. Y que a los turistas que nos visitan les gustaría que les enseñaran los lugares de la vieja batalla, recreados con creatividad y como atractivo turístico. La gente de la Tertulia del 25 de Julio se ha empeñado en sacar del olvido una gesta que habitaba en el ángulo oscuro de la historia de Santa Cruz. Poco a poco lo están logrando. Todo pueblo tiene un momento de máximo apogeo, de grandeza, de gloria. Ese fue el nuestro. Recordarlo, recrearlo, sentirse orgulloso de él, de sus luces y sus sombras, no solo sirve para recordar. Da identidad. Y grandeza. Y con el turismo, negocio.