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Referéndum fantasma – Por Saray Encinoso

   

En la corta historia democrática de España se han llevado a cabo contadas consultas ciudadanas que no tengan que ver con estatutos de autonomías, fiestas de barrio o decisiones municipales de repercusión limitada. El Consejo de Ministros no tiene demasiados reparos en otorgar permiso para que los vecinos voten si quieren unificar las fiestas de su localidad -pasó en Torrelodones el año pasado- o si apoyan que el servicio de abastecimiento de agua vuelva a ser público (Galaroza, Huelva). Sin embargo, el Gobierno de Mariano Rajoy ya ha advertido de que avalar que una comunidad muestre su punto de vista sobre un asunto como las prospecciones petrolíferas es distinto. La presencia de la multinacional Repsol a pocos, y discutidos, kilómetros de las costas de Lanzarote y Fuerteventura afecta irremediablemente a las Islas, pero también se enmarca dentro de la seguridad energética del país; es decir, cumple con la definición de asunto de Estado.

El PP canario, que conoce toda esta teoría igual que los socios de gobierno, ya ha anticipado cuál será la decisión de Rajoy. No ha cogido por sorpresa a nadie. De hecho, si la respuesta es no todo irá como se planeó en el guión. La verdadera sorpresa sería que Mariano abandonara su prudencia, evitara la inmolación pública -lo acusarían de no querer escuchar la opinión de los canarios- y permitiera que la consulta avanzara. Coalición Canaria y el Partido Socialista tendrían entonces que enfrentarse a un verdadero reto: convocar el referéndum a sabiendas de que ni siquiera ellos mismos están convencidos del no al petróleo, ya que los matices -beneficios y responsabilidades- marcan la diferencia en el seno de sus partidos.

A partir de ahí caben dos situaciones que se alejan del idílico no a las prospecciones: que los ciudadanos no acudan a votar porque no están tan preocupados por los sondeos y el resultado no sea representativo (partiendo de la base de que se fijará previamente un sistema electoral coherente), o que la mayoría vote sí al petróleo. ¿Cuál sería el comportamiento del ejecutivo canario en ese escenario? ¿Dimitiría en bloque? ¿Rivero y Pérez no se inmutarían y volverían cambiar de opinión como ya han hecho antes?

Podemos seguir discutiendo cuántos referéndums se han hecho en nuestra historia reciente o qué tiempos debe cumplir la convocatoria (las elecciones europeas están a la vuelta de la esquina). También podemos exigir que la representatividad ciudadana no sea utilizada como arma en una guerra -la de ellos- en la que el petróleo es un problema político, no medioambiental. Si no, perdemos todos: ellos credibilidad y nosotros cultura democrática.

@sarayencinoso