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El referéndum – Por Leopoldo Fernández

   

El gobierno autonómico se ha subido al caballo del populismo y, con la apertura de un nuevo frente de cotejo en Madrid, se dispone a disputar una carrera pro referéndum de resultado incierto, en torno a las tan debatidas prospecciones petrolíferas. Un asunto de indudable carga política sobre el que Canarias no tiene ninguna competencia salvo -eso nadie lo debe discutir- un interés legítimo para que las Islas no resulten perjudicadas,sino todo lo contrario, por tales actividades. El presidente Rivero y su equipo han decidido lanzar una apuesta perversa que inevitablemente coloca en el tejado del ejecutivo de Rajoy cualquier decisión respecto a la consulta popular que se persigue. Si Madrid dice ‘sí’ a la petición canaria, que con los solos votos de PSOE y CC obtendrá el visto bueno del Parlamento autonómico para su tramitación ante el Consejo de Ministro al objeto de obtener -en su caso- el imprescindible aval, abrirá la caja de Pandora en otras comunidades autónomas afectadas por la posible extracción de minerales en tierra o en mar. Si, por el contrario, el gobierno central niega autorización para la realización de la consulta -porque se trata de un asunto de exclusiva competencia estatal-, el ejecutivo canario podrá salvar la cara y aducir que se niega la voz al pueblo sobre una cuestión de su indudable interés. Y todo ello con independencia de cuál fuere el resultado del plebiscito, que en ningún caso tendría carácter vinculante, sino meramente consultivo. Si el sufragio fuese consentido, el ‘no’ sería interpretado como un voto de censura a la actuación del Gobierno central y el ‘sí’ daría a Rivero y compañía una salida airosa, ya que se impondría una solución con la que no están de acuerdo. Y si por ende el Gobierno central decidiera congelar o suspender las prospecciones, dejaría a Repsol y sus socios una puerta abierta ante los tribunales de justicia. En definitiva, se vista como se vista, el referéndum tiene trampa, y la prueba es la misma pregunta que se propone, una celada pura y dura ya que habla de prospecciones “frente a las costas canarias”. En efecto, se trata de trabajos “delante de” las costas, “enfrente de” las costas o “ante” las costas, pero a 60 kilómetros de distancia. Y con Marruecos realizando tareas similares unos pocos kilómetros más allá en base a una legislación medioambiental mucho más relajada que de la UE aplicable en el caso español. Es una lástima que, con grave dejación de responsabilidades y miopía histórica, no se pueda debatir serenamente un asunto de interés no sólo local, sino también nacional e internacional, por lo que mucho que está en juego. Más aún tras los graves errores de forma y fondo que nadie -ni en Madrid ni en Canarias- parece capaz de enmendar.