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Revolucionario de corazón – Por María Vacas Sentís

   

Casi siempre cuando pensamos en la palabra revolución, imaginamos barricadas, revueltas, sangre y una batalla cruenta hasta alcanzar la justa victoria popular. Porque un gobierno corrupto, vendido a intereses extranjeros, que defiende a los poderosos mientras maltrata y reprime a su pueblo, es ilegítimo y no merece respeto ni obediencia. La rebeldía, en tales circunstancias -como ahora-, no solo está plenamente justificada sino que debería ser obligatoria.

Pero la revolución también se hace en los gestos de la vida, en la siembra diaria del amor, en el compromiso con los semejantes y con la libertad, a lo largo de toda una existencia. Siempre, constante en el ejemplo del buen hacer y el buen vivir, como la gota machacona que acaba por horadar la madera; especialmente en tiempos difíciles, cuando las libertades están amenazadas, cuando la neutralidad es una palabra añosa en un manual de estilo. La revolución son argumentos como trincheras donde fortalecerse y refugiarse para que nada te tumbe en tu integridad; la revolución es poder crecer por dentro, dotarse de un armazón intelectual para vivir en la verdad y sin miedo; la revolución son palabras como disparos, enseñanzas como flechas certeramente dirigidas a provocar la reflexión, el pensamiento libre y relacional, el nacimiento de la idea nueva, el espíritu crítico de los niños, su amor por la libertad. La revolución es extender la enseñanza a la misma vida que brota, a las luchas por un barrio, por un país o por un mundo mejor. La revolución es creer en la utopía, no decaer en la alegría y la esperanza; estar atento para denunciar la injusticia; es inventar una sociedad nueva. Ser militante de todas las causas, en todos los órdenes de la vida.

Hace pocos días murió el Mae, director del colegio Montessori, un referente de coherencia, de ética, de humanismo, de amor por la justicia. Un gran ser humano de izquierdas. Yo no cursé estudios en el Montessori; mis hermanas y mis sobrinos sí disfrutaron ese honor; también algunos de mis amigos. Pero yo que no tuve nunca un Mae en mi colegio, me consideraré siempre alumna adoptiva de este revolucionario de corazón.

mvacsen@hotmail.com