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Santa Úrsula no se merece esta alcaldesa – Por Francisco Javier León Álvarez

   

Arturo Pérez-Reverte nos acercó los personajes de Góngora y Quevedo a través de Las aventuras del capitán Alatriste, ensalzados en una dialéctica de versos con los cuales unos y otros trataban de desprestigiar a su oponente en una época en la que la Monarquía solo se preocupaba por llenar sus arcas con dinero, mientras sicarios, ladrones, veteranos de los tercios y mujeres de malvivir se emborrachaban brindando por sus míseras vidas. Creíamos que ya habíamos superado la etapa políticamente insulsa del siglo XVII en la que se desarrolla esta historia y que, inmersos en el XXI, teníamos una óptica más avanzada, pero hoy como ayer se siguen cometiendo los mismos errores.

Hace casi tres años que Santa Úrsula inició con el Partido Popular (PP) una etapa de cambio más formal que real, pero que aún así se presentaba como una buena oportunidad para sanear la política oxidada de la Agrupación Independiente de Santa Úrsula (AISU). Pero pronto se demostró que estaba fracturado internamente porque una cosa era su programa político y otro bien distinto el autoritarismo y el protagonismo que llevaba a cabo la actual alcaldesa Milagros Pérez León.
Esta faceta de aquella ha provocado un total distanciamiento del resto de concejales del consistorio, no solo de AISU, que permanece en la sombra dejándose llevar al pairo hasta que soplen los vientos de las nuevas elecciones municipales con vistas a renovar toda su lista electoral, sino sobre todo con los que inicialmente fueron sus compañeros de partido en el Gobierno municipal, que decidieron dejar de formar parte de él, circunstancia que además no es novedosa, pues ya en su anterior etapa como concejala en la oposición tuvo también problemas con sus otros compañeros de partido por esos mismos motivos referidos.

Todo esto se enmarca dentro de las acusaciones vertidas por sus exconcejales de partido por su excesivo gasto presupuestario y la falta de transparencia en su gestión, por mucho que ella se muestre públicamente como ejemplo de eficacia administrativa y de mujer trabajadora abnegada.

La realidad es que Milagros Pérez confunde el ejercicio de su cargo con la soberbia y el continuo desprecio público hacia aquellos, que tampoco son unos angelitos, a los que se refiere en términos de concejales “rebeldes” y “traidores”, llegando incluso a manifestar que “los seis concejales traidores y AISU son la misma cosa”, una muestra más de su falta de respeto hacia el cargo que desempeña, recurriendo a esa agresividad como excusa para no reconocer su inoperancia.
En su fuero más interno está siempre presente la idea de que debe seguir aferrada al poder por encima de todo y todos, tal y como lo demostró hace unos meses cuando declaró que Santa Úrsula era un ejemplo de un municipio que se puede gobernar perfectamente con tres concejales. Este comportamiento altivo condena una vez más a que esta localidad del norte de Tenerife reproduzca los mismos parámetros políticos de décadas pasadas basados en una concepción endogámica del ejercicio del poder. “O se está conmigo, o contra mí”.

La alcaldesa, a la que se la conoce como la Llanera Solitaria, debe reflexionar seriamente sobre la imagen tan lamentable que está dando porque no se ajusta para nada a la realidad de una sociedad democrática. Esa soberbia le lleva a pensar que puede gobernar el municipio como si fuese un cortijo andaluz y que nunca se podrá dar un nuevo Fuenteovejuna. Nada es eterno. Como diría Góngora, “Después que te conocí, todas las cosas me sobran”.