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Y si nos copian, ¿qué más da? – Por David Sanz

   

Cada año la misma cantaleta. Una nueva copia de los Indianos surge en cualquier punto de la geografía canaria. Y, luego, el Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma que manda su correspondiente documento lamentando que se imite esta fiesta original de la capital palmera. Ahora ha sido el barrio de Tetir, en Fuerteventura. Y yo me pregunto, ¿qué más da? Pero si es hasta para sentirse orgulloso que los demás te tengan que copiar porque tienes una fiesta que es tan ingeniosa que todos quieren tener sus indianos. Lo único que denota es un diferencial de originalidad entre el creador y los imitadores, es decir, entre quienes saben ingeniárselas tan bien con su cultura para pasárselo en grande, como ocurrió en su momento en Santa Cruz de La Palma, y el resto de los imitadores que tienen que mirar fuera para saber qué hacer para divertirse. Además, donde hay copia siempre hay un original, y ese es el que de verdad quiere vivir la gente. Quien ha vivido el Día de Indianos en Santa Cruz de La Palma le sabrá a poco hacerlo en Triana, San Sebastián de La Gomera o Tetir. Hacer esta fiesta no es como plantar cebollas, que se pueden dar allí donde hay tierra y unas condiciones que lo aconsejen. Este festejo tiene que ver con una historia, una cultura y un pueblo determinado; tiene como escenario un conjunto arquitectónico muy delimitado, y una forma de entender ese día diferente, en familia, con mucha dosis de ironía y de teatro. Los Indianos no es vestirse de blanco, tirar polvos de talco, cogerse el gran pedo y ya está. El que piense así está muy equivocado. Los ciudadanos y la propia Administración municipal se han dado cuenta de que el devenir de esta fiesta podría ir en ese sentido hace ya unos años, cuando empezó a convertirse en un festejo multitudinario, y han intentado reforzar su sentido más genuino, que no es otra cosa que una gran parodia de los emigrantes que regresan de la Perla del Caribe después de hacer las américas. Es decir, creo que se ha acertado en cuanto a que hay que salvar las esencias de esta fiesta para que ninguna copia, bajo forma de mogollón o lo que sea, se le pueda asemejar. Un giro que pone el acento en cuidar lo nuestro, en lugar de preocuparnos por lo que hagan los demás. Si al mar no podemos ponerle puertas, al menos sí debemos tenerlo en buenas condiciones.