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La Siervita – Por Juan Pedro Rivero

   

El próximo sábado, como todos los 15 de febrero -porque ésa fue la fecha en la que murió-, muchas personas se acercarán al Monasterio de Santa Catalina de Siena, en La Laguna. Algunos desde la curiosidad; muchísimos desde la fe. Todos a visitar el sepulcro de Sor María de Jesús, la Sierva de Dios, y derramar una súplica para que interceda por alguna situación difícil o por una circunstancia grave. Es muy interesante lo que ocurre en La Laguna y en El Sauzal respecto a esta monja de clausura. Acostumbrados a imaginar que los santos son seres extraños y con un halo extraordinario que dista abismalmente de nuestra realidad, en esta circunstancia nos atrae saber que ella fue una mujer de nuestra tierra, como nosotros, con padres y hermanos, con dificultades de las nuestras, que experimentó la alegría y la tristeza, como todos nosotros, y que, así y todo, mantuvo una maravillosa relación de amistad con Dios. Eso, y sólo eso, es un santo.

Eso fue José de Bethancourt y José de Anchieta. Eso los mártires de Tazacorte, y tantos canarios anónimos que acogieron con disponibilidad extraordinaria la Misericordia de Dios. Los santos son de carne y hueso. Como Jesús es hijo de María.

De carne y hueso, como quien escribe esto y quienes lo leen en este día. De carne y hueso. No son raros, extraños, inhumanos… Fueron como tú y como yo. ¿Quién es un santo? Esta pregunta la hacemos quienes conocemos la temperatura del bien en nuestra vida y los límites de nuestra libertad. Los santos lo son porque fueron humanos y débiles como todos, pero porque respondieron a la Misericordia que Dios tiene con todos nosotros. Los santos son como aquella oveja que el pastor bueno fue a buscar y cargó sobre sus hombros para reincorporarla al rebaño. Un santo es siempre un pecador arrepentido. Un santo es aquel que no se resignó al pecado y buscó el perdón. Un santo es, en definitiva, un amigo de Dios por los méritos de Jesucristo. No hay santo sin pasado ni pecador que no tenga futuro. Es bueno pensar estas cosas cuando hagamos cola para visitar a la Siervita este sábado. Ella no es una persona rara de nuestro pasado; ella es una señal para nosotros que, a pesar de nuestro presente, tenemos futuro. Sor María de Jesús, ruega por nosotros.

Juan Pedro Rivero es Rector del Seminario Diocesano
@juanpedrorivero