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Subirse el sueldo – Por Francisco Pomares

   

El Ayuntamiento de Las Palmas ha decidido mantener el sueldo al alcalde Cardona y a los concejales con dedicación exclusiva, y no subírselo casi un 7%, en una decisión que desde el grupo municipal del PP se justificó en un ajuste de la Relación de Puestos de Trabajo. Un ajuste que suponía subir los salarios a algunos empleados públicos y bajárselo a otros. Para anunciar la decisión inicial eligieron el día que los teletipos escupían el aumento de dos mil desempleados en Canarias y 180.000 más en el conjunto de España. Un día afortunado, en el que le llovieron tantas críticas a Cardona, que ha decidido parar el aumento. No he sido nunca partidario de hacer demagogia con los salarios de quienes nos gobiernan. Yo sí creo que hay que pagar el trabajo político, porque es la única manera de garantizar que no se dediquen a la política exclusivamente los que tienen dinero. El problema de nuestra administración pública no es que se pague un sueldo a quienes ejercen un cargo público electivo o de designación, sino la endogamia, colonización partidaria y elefantiasis en la administración, que ha provocado el que los partidos encuentren en ella un magnifico acomodo para sus curias y los tiralevitas que las sirven. En todos los países desarrollados se pagan salarios a los políticos. Pero hay países, como Alemania, con casi el doble de población que España, en los que la administración política es casi tres veces más pequeña que la española. Decenas de miles de alemanes con vocación pública ejercen su militancia o trabajan por sus ideas desde el voluntariado, por vocación social o para hacer méritos. En España, los méritos se hacen bailando el vals que marcan los que controlan el partido, y a cambio acabas por conseguir un empleo bien remunerado. Alguien tendrá que cambiar eso. Más pronto que tarde. Mientras llegan esos cambios, esta claro que este no es tiempo para subidas ni actualizaciones salariales. Más bien es tiempo de todo lo contrario, como sabemos todos los ciudadanos. El PP nos prometió que la reforma de la Administración local supondría la reducción de ayuntamientos, de cargos públicos y de sueldos. También prometió que no se subirían los impuestos, que no se tocarían las pensiones y que la reforma laboral crearía empleo. Uno podría hasta entender que en el PP se equivocaran en todas sus previsiones. Pero esto de subirse el sueldo cuando en la ciudad de Las Palmas se disparan los índices de pobreza y desigualdad social suponía otro peldaño más en el descrédito y el desafecto. Que no es contra el Estado como piensa Rivero, ni contra las instituciones, como dicen los ácratas. Es contra quienes usan y abusan del poder en su propio beneficio.