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Teorizando sobre el delito – Por Sergio García de la Cruz

   

Sinteticemos un pequeño esquema sobre la población reclusa. Las prisiones españolas están entre las más pobladas de Europa, superando su capacidad en torno a un 120%, sobre la base de esto hay unas 32.000 plazas, sin embargo, la ocupan 68.597 reclusos. De estos 45.704 son españoles de origen o nacionalizados y 22.893 extranjeros. Dos de cada tres, regresan a prisión. Distribuida la población reclusa ahondamos aún más en los datos: vemos que la mayoría cumple su condena por delitos contra el patrimonio y el orden socioeconómico, esto es básicamente aquellos que producen un enriquecimiento propio y/o un perjuicio a otro de tipo económico; le siguen los delitos contra la salud pública, o sea, los relacionados con las drogas.

Lógicamente el delito más cometido por la escasa población de mujeres es este último, mientras que el primero es el de los hombres. Aunque si analizamos más profundamente el tema nos damos cuenta que al final ambos delitos son fruto de un mismo núcleo, como es la obtención de algo (un enriquecimiento), bien de manera indirecta o directa. Todo, o su gran mayoría, gira alrededor del mundo de la droga. El 80% de los presos son drogodependientes.

Más dramática son las historias que ocurren dentro de la prisión, algunas inexplicables, tanto que la Organización de los Derechos Humanos de España alerta de que en las prisiones mueren 200 reclusos al año, pero lo peor es que muchas de estas muertes se producen por sobredosis, cómo es posible que esto ocurra dentro de las prisiones.

Llegados a este punto teoricemos un poco, hagamos historia. La escuela liberal clásica se basaba en lo que hoy conocemos como prevención general. La idea era que vivimos en una sociedad en la cual existe un pacto social motivado por la necesidad del hombre por agruparse si quería subsistir y sobrevivir a las adversidades, si no, serían una víctima fácil. Todos eran iguales y lo que importa era el delito, pero, con la llegada de la Revolución Industrial surge el Positivismo, ahora se centran en el delincuente, fruto principalmente de las desigualdades, algo mueve su voluntad para actuar de tal forma y esto puede estar determinado por factores como los biológicos, psicológicos o sociales.

¿Alguna vez nos hemos parado a pensar en toda la maquinaria que mueve el delito? Todo se forma una estructura concadenada que de manera directa o indirecta viven de este fenómeno. Aparte de estas cuestiones, vamos a plantearnos otra mucho más importante por un momento: ¿podríamos hacer una distinción entre el fin que persigue el individuo de manera individual y el que busca la sociedad como un conjunto? Esto constituye una dicotomía, en la que no se sabe si los gobiernos buscan en realidad el interés público o el bien público.

Creo que en este siglo ya no podemos decir que el delito sea algo implícito en la sociedad, natural y que la acompaña. No, ya no se trata de eso, sino de ser conscientes de que no todos somos iguales y, por ello, se debe actuar en relación con esa diferenciación.

www.sergiogarciacruz.com