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Un tesoro en armarios y gavetas

   
Ángel Castro muestra los tesoros que alberga el nuevo museo. | MOISÉS PÉREZ Ángel Castro muestra los tesoros que alberga el nuevo museo. | MOISÉS PÉREZ Ángel Castro muestra los tesoros que alberga el nuevo museo. | MOISÉS PÉREZ Ángel Castro muestra los tesoros que alberga el nuevo museo. | MOISÉS PÉREZ
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Ángel Castro muestra los tesoros que alberga el nuevo museo. | MOISÉS PÉREZ

GABRIELA GULESSERIAN | Puerto de la Cruz

Sencillez y dignidad son los dos adjetivos que el párroco de la iglesia de Nuestra Señora de la Peña de Francia, Ángel Castro, utiliza para definir el Museo de Arte Sacro de la parroquia, que abrió sus puertas el martes y que expone de una manera innovadora el patrimonio religioso de Puerto de la Cruz. Joyas y reliquias, desconocidas para muchos vecinos, se exponen en siete ámbitos tras ser restauradas, un trabajo que llevó cuatro años y que se realizó gracias a la colaboración y al esfuerzo de los feligreses, tal y como reza la placa ubicada en la entrada del recinto, en la calle Quintana, justo al lado del templo.

El cura afianza esta afirmación: “Pese a la crisis, se han invertido 400.000 euros, conseguidos por los fieles y una comisión de restauración que no dejó de organizar cenas, ventorrillos, rifas y loterías, dado que no se han recibido ayudas oficiales”. No obstante, el acto de inauguración que tuvo lugar el martes contó con la asistencia del obispo de la Diócesis Nivariense, Bernardo Álvarez; el consejero insular de Cultura, Cristóbal de la Rosa; el director general de Patrimonio Cultural del Gobierno de Canarias, Aurelio González, y el alcalde de la ciudad, Marcos Brito.

Para hacer realidad esta vieja inquietud de muchos portuenses, fue necesario sortear una dificultad que, al principio, parecía “insalvable”: trasladar los carros procesionales de las 14 hermandades que acoge la parroquia y que se ubicaban en los locales traseros de la iglesia, sobre todo la gran sala situada detrás del Gran Poder de Dios, donde actualmente se asienta el museo. Por fortuna, se consiguió negociar con el Ayuntamiento para que cediera un local dado que era imposible afrontar el gasto de un alquiler, y los carros fueron trasladados al parque San Francisco.

Ángel Castro aclara que las personas que acudan pensando en que es “el típico museo clásico” quizás se sientan defraudadas ya que los objetos se exponen de forma innovadora “en cuanto a la técnica y al objetivo, y prima el discurso”.

La primera sala a la que se accede ha sido denominada “de la parroquia”. Allí se encuentran diferentes elementos del templo, como la cruz, la imagen más antigua que se conserva de la iglesia, que data de finales 1890, y varias lozas del antiguo pavimento, que eran de barro cocido, vitrificadas, y de dos colores, verde y amarillo, hasta que se instaló el actual piso de mármol. Estas se encuentran expuestas en una vitrina arqueológica junto a la base de una columna y viejos libros de celebración. Le sigue el ámbito del culto eucarístico, donde la pieza fundamental son las andas de plata del Santísimo Sacramento, que proceden de 1723 y la base, encargada y confeccionada por orfebres ingleses, que se terminó de restaurar después de un año y medio. Esta es una de las joyas del museo, igual que la Custodia Mayor, con la que se procesiona el Santísimo. Antiguos cálices de plata de los siglos XVII y XVIII, casullas de tejido labrado de la misma época un portaviático de plata que el sacerdote llevaba colgado al cuello con la sagrada forma cuando acudía a llevar la eucaristía a los enfermos, completan esta sala en la que también se encuentran los bienes cedidos a la parroquia, provenientes de los legados de diferentes familias.

Además, hay un apartado de las dos devociones principales, la Virgen de la Peña y posteriormente, el Gran Poder de Dios, a las que debería de añadirse la Virgen del Carmen. La primera de ellas no siempre ha tenido su hermandad y por ello muchos objetos desaparecieron, aunque quedan dos columnas del baldaquino, un traje labrado muy antiguo y una corona de plata calada. No ocurre lo mismo con el Gran Poder de Dios, del que destacan unos candelabros traídos de Hamburgo, los grilletes y las cadenas de plata, y los dos sitiales. El antiguo, que se ha restaurado, es de madera pintada en la que sobresale la figura de San Pedro arrepentido, una base de plata y un grabado del que únicamente hay un ejemplar.

Estos son algunos de los objetos que permanecían guardados en el corazón de la iglesia y fueron restaurados. Para el párroco, Ángel Castro, “no podían quedar otra vez encerrados entre armarios y gavetas; había que exponerlos para que puedan ser admirados y queridos por todos los portuenses ya que forman parte de sus raíces”.

Sin ánimo de ser pretensioso, el párroco de la Peña de Francia se aventura a afirmar que en un año o dos, cuando la instalación “coja auge y esté en todas las rutas turísticas, habrá dos cosas importantes por las que la gente visitará Puerto de la Cruz: el Loro Parque y el Museo de Arte Sacro”.

La Virgen alada,un manto y una baza
Entre las riquezas patrimoniales desconocidas que alberga el Museo Sacro se encuentra la Virgen alada o apocalíptica, una imagen muy antigua que muchos fieles relacionaban con un ángel que en décadas anteriores se ponía encima del belén. También se pueden ver los dos grandes mantos que tiene la parroquia, uno cubano, que la poetisa Dulce María Loynaz le regaló a la Virgen de la Peña de Francia, y el de la Inmaculada. Los visitantes que acudan al recinto museístico, que abre sus puertas de lunes a sábado de 09.00 a 13.00 y de 16.00 a 18.00 horas y que no descarta hacerlo el domingo si la demanda es muy grande, también podrán admirar la baza más antigua que tuvo la parroquia y la urna de plata del Señor Muerto, que solo se sacará del museo el Viernes Santo para salir en procesión.