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por qué no me callo >

Le tocó la china – Por Carmelo Rivero

   

La gama visita de jefes de Estado de grandes potencias a Canarias es todo un subgénero turístico, incluido invitar al Papa Francisco tras su apología del beato y poeta José de Anchieta, jesuitas ambos. Esta es una tierra experta en dar la bienvenida (como las infantas en fingir normalidad, según vimos el sábado). ¡Que vengan a vernos los amos del mundo, que vengan! Gorbachov (1992), Jiang Zemin (2001), Clinton (2005) y Hu Hintao (2012), o sea, en 20 años, Rusia, EE.UU. y China: el podio completo. En los dos casos que presencié, me fijé en las manos (que mueven los hilos). El ruso rasgueaba el timple con ganas de juerga y el yanqui te saludaba con ingravidez como si la mano fuera de algodón. Jiang Zemin (del que enseguida cuento lo que viene a cuento) le dedicó unos versos a Las Palmas y Hu Hintao le subió el ego al Teide: hizo escala en la isla, tras un G-20 en México, para ver el volcán. Desconcierta a sinólogos y extraños: China milmillonaria en gente y mezquina en su política de hijo único. En verano vi los dioramas del cautiverio del artista disidente Ai Weiwei en la bienal de Venecia. Ese gran país se nos viene abajo cuando, además, intercepta Internet, se corrompe en paraísos fiscales, o depura a Bo Xilao por pillastre con carisma. Occidente teme y admira a China, milenaria y represiva, rehén del Tibet y Tianamen. El hecho es que, de pronto, perseguimos a los chinos. Hoy no podría visitar Gran Canaria Jiang Zemin como hizo con la primera dama y cien de sus mil trescientos millones de paisanos, de séquito, y tomar el Santa Catalina con el parking, procedente de Caracas, de una gira latinoamericana. No encuentro los versos a la isla, pero sí estos, “encima de las ramas nevadas de los sauces,/al borde del río helado,/ brilla un nuevo sol”, que le inspiraron con cínico embeleco las reformas capitalistas de su régimen en los 90. A la espera del hachazo a la justicia universal que Rajoy lleva mañana al Congreso para quitarse la china del zapato, a un juez escéptico, Ismael Moreno (Audiencia Nacional), no le ha quedado otra que dar curso a la orden de detención de Zemin y cinco adláteres por el genocidio tibetano. El chino se ha puesto como un chino (acierta el culturema) y amenaza con represalias comerciales, no de la red viral de bazares, se entiende. Garzón se rebulle en el purgatorio, ya fuera de la foto.