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Luces y sombras > Pedro H. Murillo

Tonterías – Por Pedro H. Murillo

   

La semana ha dado para muchas tonterías y la indignación se está convirtiendo últimamente en un estado permanente y proporcional a las perlas de los ministros de turno. Lo que ha evidenciado, por ejemplo la visita de la responsable de la cartera de empleo a Canarias, Fátima Báñez, es que para ser ministra o ministro tampoco se precisa de muchas luces. Al menos en lo que a comunicación se refiere comienzo a sospechar que este ámbito está siendo dirigido desde Génova por dos macacos ebrios o un teletubbies cocainómanos. El venir a una de las zonas más deprimidas del país a pasearse, sin una sola referencia al drama que sufre esta comunidad con una tasa de pobreza que roza el 40 por ciento es, cuánto menos, obsceno. En vez que disfrutar de la mariscada que se metió entre pecho y espalda junto con los edecanes correspondientes del partido, la ínclita ministra nos obsequió con unas declaraciones por las que asegura que recaló en Canarias para traer tranquilidad y alegría. En mi opinión, atribuyo este mensaje a un mesianismo provocado muy probablemente por el mal estado de algún langostino. En realidad, si no hubiera salido corriendo para evitar a los molestos periodistas, una especie que entre la ley de represión de la ciudadanía y la crisis pronto desaparecerá, seguramente el delirio se hubiera desarrollado y hubiera sentenciado que no sólo vino a darnos alegría, sino que Rajoy es la Verdad, el Camino y la Vida. Lo cierto es que uno puede equivocarse siendo político e incluso monarca, pero dudo que si usted, amable lector de domingo, suelta una burrada en la oficina, si tiene la fortuna de tener empleo, le ofrezcan toda la compresión del mundo. Y es que la idiocia es perfectamente compatible, por ejemplo con ser patinador artístico y abanderado español en los Juegos Olímpicos de Invierno en la localidad rusa de Sochi. El joven se llama Javier Fernández y frente a las leyes nazis emprendidas por el gabinete de Putin contra los homosexuales, este muchacho ha pedido a los gays que “se corten un poco” hasta que finalicen los juegos alineándose con la postura de Putin quien también ha advertido a los homosexuales que pueden acudir a los estadios pero siempre que no molesten a los jóvenes. Quizás el mandatario ruso se refería a los curas ortodoxos o bien tiene una visión excesivamente enturbiada por el vodka. En cierta forma, nuestro abanderado ejemplifica la miseria retrógrada de unos valores que se están imponiendo por decreto por un gobierno inepto.