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Tú mueves – Por Francisco Pomares

   

Pueden decirse muchas cosas -y de hecho ya se están diciendo, y algunas muy atropelladamente- sobre la consulta planteada por el Gobierno de Canarias en relación con las prospecciones petrolíferas. Puede analizarse si la consulta tiene recorrido o no, si llegará a celebrarse o no se celebrará, si su objetivo es meramente político, si persigue únicamente acorralar al Gobierno de Rajoy para obtener mejores posiciones en la negociación de la reforma del Estatuto o del REF, si es una pura cortina de humo o si de lo que se trata es de sumar apoyos electorales o voluntades a la tercera candidatura de Rivero. En los próximos días vamos a escuchar argumentos a favor y en contra de la consulta de todo tipo y pelaje: jurídicos, sociológicos, políticos, deontológicos, territoriales, ecológicos, empresariales y hasta alguna marcianada. Eso demostrará una vez más que la verdad política (la verdad en general) es poliédrica, y que sobre una misma cuestión dos posiciones distintas, incluso enfrentadas, pueden ser razonablemente ciertas. Pero de momento, lo único evidente es que la propuesta del Gobierno de Canarias, más allá de su oportunismo o su inviabilidad, ha cogido al PP y a sus propagandistas con el trasero totalmente al descubierto. Supongo que en los próximos días entre unos y otros lograrán presentar un discurso menos atropellado e iracundo, algo que no les perjudique, un discurso coherente de oposición a una iniciativa que tiene más sombras que luces. Pero de momento, andan aún contradiciéndose los unos a los otros, sacudidos por la sorpresa de que el Gobierno regional, con su dramática puesta en escena, haya logrado recuperar la iniciativa política en una cuestión -la del petróleo- en la que el Gobierno parecía definitivamente derrotado.
Porque la propuesta de Rivero esconde un envite de calado, que sitúa a Canarias en el foco de la principal preocupación no económica del Gobierno Rajoy, que es la posible expansión del conflicto territorial y el contagio del desafío catalán al resto de las regiones del país. Rivero es un jugador con muy pocos escrúpulos: su propuesta de consulta coloca a Canarias en una liga en la que no suele estar, en la que se juegan más duro y más allá del victimismo ramplón. Sólo el apoyo del PSOE permite que la apuesta de Rivero no suene a desafío, cuando en realidad lo es. Desde el PP se tiene que actuar con cierta sutileza ante ese desafío, si se quiere evitar abrir otro frente territorial más. El problema es que el PP -más aún el PP canario, monitorizado en la distancia desde el Ministerio de Industria- no está entrenado para la cautela.