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Venezuela – Por Leopoldo Fernández

   

La situación interna de Venezuela camina hacia un enfrentamiento civil a la vista de la polarización política y de la determinación del Gobierno del presidente Maduro de culpar a la oposición de todos los males habidos y por haber. Y de reprimir a base de armas y fuerza bruta todos los intentos de protesta pacífica contra los problemas que abogan al hermoso país americano. Hasta los estudiantes han decidido echarse a la calle en las principales ciudades venezolanas en una demostración de inconformismo social que rebasa todas las previsiones. Mientras siguen faltando los alimentos básicos de la cesta de la compra y productos tan necesarios como el papel prensa o el papel higiénico y las medicinas, el país se desangra a base de secuestros, atracos, asaltos y toda suerte de tropelías homicidas en un ambiente de impunidad y dejación de autoridad que atestiguan la impotencia gubernamental para dirigir con un mínimo de garantías los destinos de Venezuela. La inflación galopa a un ritmo anual superior al 56%; los apagones eléctricos -que el Gobierno achaca, sin aportar ninguna prueba, a distintas acciones delictivas de la oposición política- minan la paciencia de industriales y ciudadanos en general; el deterioro de las infraestructuras avanza a un ritmo infernal ante la desidia de las autoridades; la represión en todas sus formas -detenciones arbitrarias, amenazas veladas, insultos denigrantes y contumaces, paralización de gestiones oficiales según el color político de quien las realice, desmanes a cargo de grupos chavistas incontrolados, unas veces desde vehículos motorizados y otras con las caras tapadas, etc.-; la práctica de la censura pura y dura en los medios de comunicación; el acoso a la prensa libre y la paralización de sus importaciones de papel, que ya ha obligado al cierre de una decena de periódicos; la nacionalización o expropiación indiscriminada de empresas con cualquier disculpa, todo un rosario de despropósitos está llevando al país a una situación límite. Varios organismos internacionales y algunos países han denunciado esta serie de abusos de un gobierno impopular tutelado por Cuba, de tintes cada vez más dictatoriales, incapaz de realizar la menor autocrítica o de modificar su desastrosa línea política y económica. Ni dialoga con la oposición, ni atiende al descontento popular, que se refleja en una media de 12 manifestaciones diarias de protesta por distintos aspectos de la política oficialista. En el colmo de la huida hacia adelante, ha ordenado la detención del máximo dirigente del partido Voluntad Popular, Leopoldo López, bajo la acusación de instigar los últimos incidentes, promover un golpe de Estado, prácticas terroristas, homicidio, etc.