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Vértigo – Por Juan Carlos García

   

A medida que trascurren estas últimas semanas, meses y años, en una parte amplia tanto de la sociedad canaria como de la española se apodera una sensación de inseguridad y miedo a precipitarse al vacío del desempleo, al acercarse a su borde o, a veces, al ver acercarse a este abismo a otra persona o, simplemente, al imaginarse que uno se pudiera acercar. Una percepción de vértigo que se alimenta por momentos ante la insistencia desde los vértices del poder europeo al Gobierno español de continuar con vergonzosas reformas laborales. Vértigo ante las palabras de Botín cuando anuncia que su megaempresa ha duplicado el beneficio el último año: “Las secuelas de la crisis en España tardarán en desaparecer”. Vértigo ante los miles de jóvenes canarios que han dejado las Islas en 2013 para ir a trabajar a la Península. Vértigo ante los traslados forzados a ese mismo destino de trabajadores canarios no tan jóvenes y con cargas familiares. Vértigo ante la nieve de Sochi. Vértigo ante la ley Wert contestada por la marea verde. Vértigo ante una suerte de verbigeración (trastorno consistente en la repetición frecuente y fuera de toda lógica de vocablos o frases cortas) de verdaderos verdugos del verbo. Una versión de Vercingetórix, aquel jefe de la Galia en la época de Julio César, secundado por los personajes ficticios de Astérix y Obélix. Vértigo ante costumbres versallescas de verberar con versalitas versículos verticales. Vértigo ante la corrupción que vertebra todo un país, todo un archipiélago. Tanto en la vertiente norte como en la del sur. Con más o menos verborrea, con medias verdades. Con más versatilidad que perseverancia. Vértigo a la cada vez más consolidada brecha existente entre los hogares de verduras, verdeles y uvas verdejas, y aquellos de verjas, vermut, verbenas y veleros vergas en alto. Vértigo ante la cuesta arriba de enero y ante la vertiginosa cuesta abajo de febrero. A pie o en coche. Hace unos días, a Felipe de Borbón, en una visita a Tenerife, le causó “verdadero asombro” ver convertido en un vergel en todo su verdor, lo que antes fue un vertedero. Vértigo vernáculo es el existente en parte de la población ante un futuro donde su vergel pueda acabar en un vertedero.