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El virus del desánimo; la cultura del riesgo – Por Gustavo Matos

   

En la sublevaciones democráticas globales, Noam Chomsky nos describe certeramente cómo el poder gestiona de manera muy eficaz la idea de que nada se puede cambiar, de que es imposible que las cosas vayan mejor, que se puedan hacer de otra manera y de que otro mundo más justo es posible. El economista Paul Nystrom, al que cita Chomsky, ya desarrolló la idea de que el sistema funciona despojando al ciudadano de esa condición y convirtiéndole en un mero consumidor creando necesidades para que la gente quede atrapada. De este modo, se mitigan las ideas, y se manipulan las creencias de la ciudadanía. Reflexionando sobre lo que dice este intelectual americano he pensado que en cierto modo la situación actual de nuestro país es un buen ejemplo de esto. De cómo se ha hecho cundir un gran nivel de desánimo entre la gente que ve como le trituran sus derechos, sus libertades, como se desguaza el estado del bienestar que actúa como paracaídas de los que menos tienen sin que tengan la convicción de que pueden hacer algo por evitarlo. Es el virus del desánimo, de la resignación que tan bien les está viniendo a quienes están imponiendo su concreta idea de modelo social basado en un sálvate si puedes. Asistimos permanentemente a un bombardeo además de desprestigio de las instituciones, de la política, de los partidos, de los sindicatos. La pregunta es ¿a quién beneficia esa campaña permanente de descrédito?, ¿qué alternativa le queda a un trabajador o trabajadora para negociar sus condiciones laborales frente a una gran multinacional si no existieran los sindicatos? Es el virus del desánimo.

Pero de vez en cuando salta un hilo de luz en medio del páramo de la resignación. Bien en un barrio de Burgos en el que unos cuantos vecinos deciden que no está todo perdido, que no se resignan, y que en un sistema democrático ciertas decisiones no se pueden tomar sin contar con su opinión, o directamente en contra de ella. O bien un movimiento social y un partido político que decide ponerse de su lado, y utiliza justo las instituciones que se desprestigian, en este caso la Justicia, para parar el intento de privatización de la sanidad pública en Madrid. Es entonces donde lo que entiendo como la cultura del riesgo cobra fuerza. Cualquier cambio entraña riesgos. Todos tenemos miedo a perder, pero es precisamente ese miedo el que nos impide en ocasiones ganar. Asumir riesgos en momentos de cambio es quizá la mejor salida. Seguir haciendo lo mismo si queremos que las cosas cambien es un absurdo. Por eso, creo que desde mi partido, el PSOE, esa cultura del riesgo debemos asumirla. Sacudirnos esa resignación conservadora que en ocasiones nos pesa tanto y salir arriesgando con propuestas con las que se identifique una mayoría social que no espera de nosotros las viejas recetas para resolver nuevos problemas.

Gustavo Matos es Secretario política municipal PSOE
@matosgustavo