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Wert y los Goya – Por Enrique Arias Vega

   

Nunca he visto que los Óscar los presida ningún miembro de la Administración norteamericana. Tampoco lo hacen en acontecimientos deportivos ni en convenciones de vendedores de Coca-Cola o de preservativos, pongo por caso. Eso es lo que caracteriza a las sociedades liberales: que no interfieren en las vidas ni en las empresas privadas y mucho menos en la cultura. Aquí, en cambio, estamos tan acostumbrados a las subvenciones públicas que no hay acto que se precie que no deba contar con la asistencia de, al menos, un director general. La presencia del ministro de Cultura español en los Goya -y en su homólogo teatral de los premios Max- tiene el valor añadido de que sirve para que lo insulten aquellos que perciben sus subvenciones: responde a la vieja máxima de morder la mano que te da de comer. Por esa razón, y no por otra, es por la que José Ignacio Wert no asistió a la entrega de los premios cinematográficos.

Sensu contrario, lo que hizo Rodríguez Zapatero para conseguir el aplauso del mundo del cine, además de financiarlo generosamente, fue nombrar ministro a uno de los suyos, a Ángeles González Sinde, sin el éxito que pretendía. Aun así -quiero decir: a pesar de la financiación pública-, el cine español no gusta a los ciudadanos. Por ejemplo, La herida, una de las películas premiadas, sólo ha conseguido en taquilla 13.000 espectadores. Resulta curioso que frente a este cine español con muletas, las jóvenes promociones de cineastas -sobre todo, catalanes- se lanzan a cuerpo limpio a hacer filmes en Estados Unidos sin ayuda alguna: Collet-Serra, J.A. Bayona, Luis Berdejo, Nacho Vigalondo… Es que el talento no conoce fronteras ni barreras. Y, lo que es mejor, tampoco necesita la caridad pública para sobrevivir.