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Ya tenemos nuestra Catedral – Por Aurelio Abreu

   

Un proyecto que termina bien es una satisfacción. Hace unos días, Tenerife puede disfrutar de nuevo de una las joyas de su patrimonio histórico y arquitectónico, la Catedral de La Laguna, por fin abierta al público tras doce años clausurada y una batalla muy dura para contar con la financiación necesaria para su restauración.

En 2002 hubo que cerrar el templo ante su grave deterioro; la primera intervención, de emergencia, corrió a cargo del ministerio de Fomento, en aquella etapa bajo gobierno del PP. Pero fue en 2006, siendo ministra de Cultura Carmen Calvo, cuando se firmó el primer convenio para las obras de restauración, cristalizando así un compromiso que se ratificó en 2010 mediante un nuevo convenio para la rehabilitación de las cubiertas, uno de los puntos más delicados de las obras.

Fue así, con la iniciativa de los sucesivos ministros socialistas de Cultura, cómo se forjó la completa rehabilitación del templo, que ha contado también con las aportaciones inestimables de otras Administraciones, incluido este Cabildo, y el Obispado. Por más que el ministro Wert no tuviera ni siquiera la cortesía de citar a sus predecesores, no digamos ya de invitarles a un acto en el que también les correspondía estar.

No vamos a dedicar ni una línea más, por cierto, a la visita de un ministro que sólo provoca rechazo, precisamente a una ciudad universitaria después de la enésima tropelía cometida contra estos estudiantes como fue el recorte en las becas Erasmus. Ya los ciudadanos manifestaron su opinión con total claridad.

No vamos a dejar que la presencia del ministro nos enturbie lo que debe ser un motivo de celebración. Porque recuperar la Catedral de La Laguna no es sólo una alegría para los creyentes y los fieles, sino para todos los tinerfeños. Este edificio, tan representativo y tan único, pertenece a todos los ciudadanos, como cualquier otra muestra de nuestro patrimonio. Nos acompaña desde 1913 y es una de las imágenes más reconocibles de La Laguna, Ciudad Patrimonio por otra parte. Su remodelación y la de su entorno darán un nuevo impulso al casco histórico de la ciudad.

Cabe destacar el trabajo técnico que hay tras la rehabilitación. La reconstrucción de las bóvedas y las cubiertas ha representado un desafío resuelto con habilidad e ingenio. El interior vuelve a brillar con el paso de la luz a través de las vidrieras de colores, desvelando las singulares obras de arte pictóricas y escultóricas que alberga el templo. Les invito a que lo visiten, sean o no sean creyentes, para que disfruten de este museo, que conjuga arquitectura, pintura y escultura, y que les pertenece.
Ya tenemos nuestra Catedral. Ahora, tras el esfuerzo de todos, toca disfrutarla.

Aurelio Abreu es Vicepresidente y consejero de Bienestar, Sanidad y Dependencia del Cabildo Insular de Tenerife