X
tribuna>

Agua para todos – Por Carlos Alonso Rodríguez*

   

Durante muchas décadas, el agua de Tenerife sólo se obtenía a través de galerías perforadas en las montañas y algunos pozos. Los agricultores, agrupados en comunidades, horadaron la isla en busca de aguas subterráneas y construyeron kilómetros y kilómetros de canales levantados por sobre los barrancos con materiales subidos a lomos de burros en una odisea que hoy nos parece casi imposible. Hoy tenemos más de mil galerías con 1.700 kilómetros de túneles excavados equivalentes casi a la distancia que nos separa de Madrid.

El desarrollo de la isla fue posible gracias a ese esfuerzo privado que actuó allí donde las administraciones públicas no lo hicieron. Y durante años el sistema funcionó eficazmente y con equilibrio entre los recursos disponibles y su asignación. Luego, con el nacimiento del turismo y el incremento de la población, la demanda de aguas para usos urbanos empezó a alterar los precios y a competir con el agua de uso agrícola. El bien que antes era suficiente para atender la demanda empezó a ser escaso y desembocamos en un escenario totalmente diferente.

El agua es un recurso limitado que, en esta isla, necesita inexorablemente del papel de la iniciativa pública. No sólo en la regulación del mercado, como claman muchos, sino en la producción y almacenamiento. La solución a los problemas futuros del abastecimiento de aguas en Tenerife no está en la expropiación de las aguas privadas. Hemos de ser conscientes de la herencia de esfuerzo que recibimos de una gran masa social de ciudadanos partícipes de las comunidades de aguas que poseen galerías, pozos y canales. Reducir el problema del agua a la propiedad privada de uno o varios o al uso que hacen de ella los operadores es a mi juicio, un grave error de conocimiento o de perspectiva. Pero ignorar que el agua puede ser un factor limitador del desarrollo de Tenerife y ausentarse de la responsabilidad pública en este sector, sería un error aún mayor.

Tampoco conviene enredarse en la polémica de la manipulación de precios. De hecho es bastante polémico el argumento de que quienes perforan las montañas, buscan el caudal y transportan el agua hasta las ciudades cobran en la actualidad una tercera parte del precio de venta al público del agua en zonas urbanas.

El Cabildo, con independencia de las políticas que atañen a otras administraciones, tiene un papel fundamental que cumplir en este sector. Lo empezó planeando y ejecutando un Plan de Balsas que llenó nuestra isla de depósitos reguladores, capaces de almacenar las aguas en el invierno, cuando existen excedentes, y tenerlas disponibles para cuando aumenta la demanda de consumo, en verano. No hay que olvidar que antes todas esas aguas se perdían irremediablemente yendo hacia el mar.

Tenemos que partir de la base de que las aguas naturales de la isla sólo son explotables hasta un determinado nivel. Los acuíferos no pueden ni deben ser sobreexplotados y hay que permitir la recarga natural de los depósitos de aguas subterráneas. En ese campo el trabajo de vigilancia, regulación y control del Consejo Insular de Aguas ha sido ejemplar. Pero con independencia de esta realidad -sean las galerías privadas como hoy o de titularidad mixta o pública- el futuro de nuestro abastecimiento de agua pasa por la reutilización y la producción de agua desalada.

Durante años hemos predicado en el desierto, desde el Cabildo, en la necesidad de regenerar aguas que hoy se vierten al mar o se desperdician. Hay que alargar el ciclo de vida de aguas que, tras su uso y tratamiento, pueden ser aptas para su uso en el sector primario o en ciertos usos urbanos, como la limpieza. Y debemos ser conscientes, además, que una isla con una creciente población que ya supera el millón de habitantes y cinco millones de visitantes cada año, tiene que garantizar el suministro de aguas, no solo a través de la explotación de sus escasos recursos naturales, sino complementarlo con los modernos sistemas de producción en donde hay que concentrar -junto a la regeneración- todos los esfuerzos y la inversión pública.

La mejor y más completa reflexión sobre las aguas de nuestra Isla y su futuro se encuentra, sin duda, en el Plan Hidrológico de Tenerife redactado por los equipos técnicos del Consejo Insular de Aguas del Cabildo. El proyecto de creación de una empresa de Gestión Insular de Aguas de Tenerife (GESTA) capaz de integrar intereses privados y públicos bajo la supervisión del Cabildo es la mejor respuesta para adentrarnos en el futuro sin rupturas traumáticas, sin lesionar intereses y, además, sin cargas suplementarias expropiatorias para una hacienda pública insular volcada hoy, y desgraciadamente durante mucho tiempo aún, en la atención prioritaria de las necesidades sociales de los más desfavorecidos.

*PRESIDENTE DEL CABILDO DE TENERIFE