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Un año sin Chávez /y3 – Por Leopoldo Fernández Cabeza de Vaca

   

Lejos de encaminarse hacia alguna salida pactada, la situación interna de Venezuela se complica, ya que sigue siendo insalvable la distancia entre Gobierno y oposición. El primero sigue empeñado en aplastar a sus adversarios, detener a sus líderes y culparlos de todos los males del país, en un ejercicio de cinismo que rodea de insultos, descalificaciones y tonos abiertamente amenazadores. Por su parte, la oposición, dividida aunque agrupada en torno a la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) creada a efectos electorales, no ofrece tampoco una alternativa clara que pueda acabar con las permanentes protestas y manifestaciones de miles y miles de ciudadanos, que el chavismo reprime con extrema brutalidad. Según el presidente Maduro, estas manifestaciones habrían producido pérdidas del orden de 10.000 millones de dólares, una cifra a todas luces exagerada.
Así las cosas, la semana entrante es esperada en Caracas la misión de cancilleres enviada por Unasur, la organización que agrupa a 12 países suramericanos, con la idea de mediar en el conflicto de Venezuela si finalmente la oposición acepta incorporarse a una pretendida Conferencia Nacional de Paz que promueve el presidente Maduro para “propiciar el diálogo con todas las fuerzas políticas y sectores económicos y sociales”. La oposición, encabezada Henrique Capriles, líder de la MUD, se siente engañada por el Gobierno y ha anunciado que no se prestará a ningún juego ni reunión si, entre otras cosas, antes no se libera a los presos políticos (entre ellos tres alcaldes del sector de la derecha), cesan la represión y la censura, desarma a los grupos paramilitares y expulsa del país a los asesores cubanos (médicos, maestros, especialistas, espías, militares, etc.), que en número de 45.000, según unos, y de más de 100.000, según otros, ocupan puestos claves en la administración.

Mediadores y pérdida de apoyo
Nada se sabe de otra misión de los dos expresidentes brasileños y otros dos colombianos que, junto a Felipe González, también se sugirió -y los interesados dieron su conformidad- que podría intervenir ante el Gobierno y la oposición para tratar de que ambos llegaran a unos acuerdos de mínimos que acaben con el desgarro social y la confrontación sistemática que padece el país. En las últimas horas se han otras dos posibles vías mediadoras: el Centro Carter y el llamado Grupo de Río, creado en 1990, que sustituyó al exitoso Grupo de Contadora, que en 1983 integraron Colombia, Méjico, Panamá y Venezuela con el nombre de esa isla panameña, y que logró acabar con los conflictos de El Salvador, Nicaragua y Guatemala. La oposición acepta el diálogo, pero exige gestos y garantías; en caso contrario, advierte que continuará con su política de protesta pacífica en la calle.

A juicio de los observadores, el Gobierno trata de preservar a toda costa su poder y las esencias de la revolución bolivariana -un fiasco monumental que ha empobrecido y dividido al país hasta límites difícilmente imaginables-, así como su fuerte carga ideológica de castrocomunismo. La oposición pretende lo contrario al considerar que los casi 15 años de aplicación del “socialismo del siglo XXI” chavista recomiendan un giro absoluto en la conducción política y económica del país, en el que el empobrecimiento avanza imparable y la falta de libertades y de democracia resultan cada días más evidentes.

Una encuesta de la firma Datos, que explora el clima electoral durante el mes pasado, revela que el régimen pierde apoyo popular y sólo cuenta con el respaldo del 27,1% de los consultados, porcentaje que la oposición eleva al 43,7. La gestión de Nicolás Maduro es evaluada negativamente por el 50,4% de la población encuestada, en tanto un 70,8% cree que el presidente debe ser sustituido por vía electoral. Para el 72%, las cosas en Venezuela van mal o muy mal. El 46,4% opina que el país se rige por un sistema democrático, en tanto el 42,5% estima que en realidad se trata de una dictadura. El 87% de los encuestados es partidario de que el Gobierno rectifique sus políticas y llegue a acuerdos dialogados con la oposición, mientras el 86% apuesta por el desarme de toda la población y el 83% por el de los colectivos armados afectos al Gobierno. Y un último dato: para el 61%, la represión militar de las protestas durante el último mes ha sido desproporcionada.

Polarización y milicia
En este clima de polarización social y política nadie parece dispuesto a ceder ni un ápice. El Gobierno, porque cree que a base de represión, amenazas y detenciones indiscriminadas puede controlar el descontento social y económico. Y la oposición, porque advierte el deterioro imparable del oficialismo y, sobre todo, porque se mantienen la inseguridad ciudadana, el cierre de empresas, el aumento del paro y -en algunos con agravamiento- los problemas de abastecimiento de productos esenciales, con la consiguiente desesperación de la gente. El ministro de Alimentación, Félix Osorio, ha declarado que, con la nueva cartilla de racionamiento que comenzará a distribuirse el primero de abril, los consumidores no podrán comprar los mismos alimentos todos los días. Una mala noticia que se suma a la escasez, al cierre de febrero, del 47,7% de los productos regulados, frente al 37,2% existente hace un año, según la empresa Datanálisis.

En la milicia, que cada vez ocupa más posiciones de poder y tiene ya a más de un millar y medio de militares al frente de empresas y organismos hasta ahora en manos civiles -además de un militar en uno de cada cuatro ministerios y en la mitad de las gobernaciones del país-, sigue manifestándose una división profunda, pese al aparente silencio de los cuarteles. Según documentos confidenciales, existe un fuerte malestar en algún sector por la presencia de asesores cubanos, en su mayoría comunistas especializados en guerrilla urbana, contrainteligencia y control de explosivos. Otro sector, que se dice enfrentado al poder civil, sería partidario de reemplazar cuanto antes a Maduro, a la vista de “las circunstancias y el deterioro que vive el país”, se dice en una proclama clandestina. Un tercer grupo de militares considerados neutrales sería partidario de un “gobierno estrictamente civil, que dirija la gobernación para todos”. A este grupo pertenecerían 45 oficiales y 8 suboficiales de la Fuerza Amada Nacional que, al parecer, han sido arrestados y se encuentran a disposición de la dirección general de contrainteligencia militar, por negarse a reprimir algunas de las manifestaciones de estos días.

Siguen las manifestaciones
Por cierto, la de ayer, sábado, que salió desde cinco lugares diferentes de Caracas, ha sido de las más importantes de la oposición contra las políticas gubernamentales. Para tratar de contrarrestarla, el chavismo montó otra de jóvenes revolucionarios y estudiantes oficialistas, en este caso “contra los sectores violentos” -la antología de la contradicción porque la violencia nace, crece y muere en el seno del oficialismo-, en la que participó el presidente Maduro. Un eslogan nacido entre los estudiantes que apoyan a la oposición está haciendo furor en todas las marchas: “Y no, y no, y no me da la gana, una dictadura igualita va la cubana”. Precisamente sobre Cuba se ha dicho que diariamente pasan de Caracas a La Habana 100.000 barriles de crudo y 14 millones de dólares en metálico”, según el alcalde metropolitano de Caracas, Antonio Ledezma. Por su parte, Carlos Alberto Montaner, el escritor y político cubano exiliado, dice que tiene pruebas de que Cuba recibe unos 25.000 millones de dólares al año entre petróleo, pago de servicios (médicos, maestros, asesores, etc.), requisas y remesas varias.

La semana se ha cerrado con el fallecimiento de otro estudiante herido hace unos días -lo que eleva a 32 el número de muertos desde el 12 de febrero-, la detención de dos alcaldes opositores (San Cristóbal y San Diuego) y la amenaza a un tercero (Chacao) y numerosos comunicados antigubernamentales de las academias, el Foro Penal, Human Right Watch, asociaciones de periodistas y comerciantes, una reunión frustrada de la OEA, etc. Más el anuncio de 21 manifestaciones de protesta para la próxima semana. En esta guerra de desgaste nada va a cambiar mientras medio país trate de imponerse al otro medio y éste siga resistiéndose, de momento pacíficamente y con barricadas que tratan de expresar malestar y hartazgo, a la amenaza, la represión y la dictadura disfrazada.