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Argumentos para el pleito – Por Francisco Pomares

   

El Parlamento de Canarias decidió no debatir la propuesta del Cabildo de Gran Canaria sobre la ley turística, ni tampoco la propuesta de mínimos presentada por Nueva Canarias para reducir los topes electorales. Ambas decisiones son una nueva demostración de la insensibilidad que caracteriza a las mayorías en el Gobierno. Es cierto que existen argumentos suficientes para justificar ambas decisiones, porque los argumentos (y argumentarios) son de lo más barato que se cuece en el mundo en política, y resultan además adaptables a cada situación. Parafraseando a Groucho, podría decirse que “si no te gustan mis argumentos, tengo otros”. Que pueden ser justos los contrarios. A la política parlamentaria la caracteriza el abuso de argumentos: los que ayer eran buenos para el PSOE cuando estaba en la oposición en Canarias, son buenos hoy para el PP, y viceversa. Y eso vale también para Román Rodríguez, que no dijo nada contra los topes electorales cuando era presidente del Gobierno en el partido más beneficiado por los topes, Coalición Canaria. Cambiar de criterio es legítimo: eso contribuye a la abundancia de argumentos. Pero otra cosa es la manipulación pura y dura: detrás del debate sobre la Ley Turística no hay una posición tinerfeña y otra grancanaria, como tampoco hay una posición canaria y otra española frente al recurso al Constitucional. Lo que hay es una posición del Gobierno de Rivero, respaldada por la mayoría del Parlamento, y otra del Cabildo de Gran Canaria, respaldada por el PP, y apoyada por parte de los empresarios de Gran Canaria. Parta el PP soriano -y para el Cabildo grancanario- es mejor presentar este debate como un conflicto entre islas, pero no es eso: esto es sólo una legítima pelea por intereses muy concretos, en la que juega un papel determinante la posición de un también muy concreto grupo de propietarios de terrenos turísticos que quieren dar salida a los solares que quedarán detrás de la primera línea de playa, cuando ellos construyan sus hoteles de cinco estrellas. Porque esos solares se venderán mejor si se permite construir hoteles de cuatro estrellas. Ese es el fondo de este debate, del que nadie habla. Una legítima defensa de intereses legítimos. Transformar esa pelea en un nuevo episodio del pleito insular es un artificio recurrente. Cada vez que los que mandan tienen intereses encontrados en Canarias, se sacan el pleito de la manga. Esto no es nuevo. El pleito es un invento altamente rentable desde el punto de vista electoral que hoy utiliza Bravo de Laguna -como ayer fue utilizado por Manuel Hermoso o por el propio Rivero- para ganar adhesiones y votos. Pero con la mía que no cuenten.