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El baloncestista Anchieta – Por Domingo J. Jorge

   

En La Laguna se cuenta hoy con muchos baluartes que están dejando en buen lugar el nombre del municipio. Dos de ellos, muy nombrados últimamente. Me refiero al Padre Anchieta y a nuestro Canarias.

A no pocos llamará la atención a que me refiera al Canarias, del que algunos solo ven su color, y además solo el negro, cuando pierde, sin embargo, olvidan que es todo un honor para La Laguna y Tenerife el que esté ahí en la liga de los mejores del baloncesto español, y que cuando se hable de ellos se hable también de La Laguna. Lo mismo sucede con la canonización en abril del Padre Anchieta.

Ha sonado poco, a mi juicio, probablemente por eso de que algunos se acuerdan de Santa Bárbara cuando truena, y para esos mismos ahora la religión ocupa un escueto espacio en su vida. Para todos, para los que sí sienten la fe, y para los que de fe poco, o nada, a lo mejor habría que recordarles que el hecho de la canonización de Anchieta no es relevante únicamente por el reconocimiento religioso en sí, sino que lo es, y mucho, por el gran valor cultural que guarda la figura del futuro santo lagunero.

Llamará la atención que pretenda unir al quinteto del Canarias a José de Anchieta. A lo mejor tiene en él ahora mismo Alejandro Martínez la solución a la falta de altura bajo la canasta, y el beato, futuro canonizando, puede hacer una buena labor de pívot.

Pero lo que sí toca ahora es recordar que La Laguna, y no el Ayuntamiento que ya lo hace, debe quererse más y darse el valor que tiene ante todo aquello bueno que le brinda la vida y la historia. No sé qué manía tenemos los laguneros, trasladable a los canarios, de no festejar, o al menos sentirnos orgullosos de nuestros éxitos, que son muchos. Si el Barcelona o el Real Madrid ganan la liga, o tan solo un partido en Europa, no digo la liga, se tiran hasta voladores.

Si el Canarias mantiene con pundonor su posición en la ACB, nos parece poco y hasta nada. Lo mismo sucede, a mi parecer, con la canonización de José de Anchieta. Seguramente, preguntas en la calle y más de uno aún no lo sabe, o no entiende cuál es su importancia. Y lo importante es lo importantes que somos.