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La Punta del Viento >

Buenas nuevas – Por Agustín M. González

   

Poco ha cambiado en los hogares. Seguimos con la crisis hasta el cuello por mucho que algunos datos estadísticos anunciados a bombo y platillo y los mensajes propagandísticos del aburrido telepredicador presidencial nos anuncien el final del calvario. Los ciudadanos de la calle continuamos sufriendo para llegar a fin de mes y las listas del paro no menguan a pesar de los récords de turistas. Hay un claro desfase entre la edulcorada teoría oficial y la cruda realidad cotidiana. Será cuestión -no queda otra- de echarle aún más paciencia e imaginación, como la que tienen que derrochar las miles de familias que no cuentan ni con un solo miembro con trabajo. Ahora, en el norte de la Isla, la comarca más afectada durante las últimas décadas por la falta de inversiones públicas y privadas que impulsen la ansiada reactivación, surgen indicios apreciables que, o son un nuevo espejismo, o son los primeros destellos de la luz al final del túnel. En fechas recientes se han producido dos anuncios oficiales que, de confirmarse, pueden efectivamente empezar a cambiar el panorama social en esta comarca, que es junto con el Sur y el área metropolitana una de las tres patas imprescindibles para el equilibrio de Tenerife.

Por una parte, tanto la consejera de Sanidad, Brígida Mendoza, como el vicepresidente del Cabildo, Aurelio Abreu, han asegurado que antes de septiembre abrirán las urgencias en el hospital del Norte. La otra gran novedad es la apertura del tramo norte del anillo insular, la nueva carretera entre Icod y El Tanque que ayudará a acabar con el aislamiento secular de esta comarca deprimida y acercará a sus puestos de trabajo en el Sur a los miles de residentes norteños que tienen que desplazarse a diario por carretera de una banda a otra de la Isla. Son dos buenas noticias, dos actuaciones prioritarias que vienen a satisfacer demandas básicas de más de 200.000 habitantes. La sanidad pública y la movilidad tienen que ser una prioridad para los responsables públicos, y más en estos momentos de crisis, porque aportan calidad de vida. Pero no hay que olvidar que estas infraestructuras, como otras muchas, han tardado demasiado. A ver si aprendemos.