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Buscando una salida – Por Fermín Bocos

   

A medida que pasan los días y “Madrid sigue sin mover ficha”, se incrementa el desasosiego de Artur Mas. Prueba de ello es que reitera su intención de convocar el referéndum pese a la palmaria evidencia de que sería un acto ilegal y por tanto recurrible ante los tribunales. Pero lo que se dice en público no agota la realidad. Cuentan en Barcelona que está buscando una salida. No quiere dar marcha atrás en relación con la consulta independentista -ha ido demasiado lejos en el órdago que le planteó en su día al presidente Rajoy-, pero manda mensajes en los que da a entender que estaría dispuesto a introducir cambios en la hoja de ruta soberanista si el Gobierno aceptara volver a la casilla anterior: a la truncada negociación de un acuerdo fiscal o concierto específico para Cataluña. Algo que le permita salvar la cara y evitar que el barco de Convergencia se estrelle contra las rocas, según el pronóstico actual de las encuestas. Duran Lleida, el portavoz de CiU en el Congreso, lo dejó dicho en el reciente debate sobre el estado de la Nación y desde la tribuna, el presidente Rajoy zanjó cualquier pretensión de singularidad invocando el imperativo constitucional que iguala a los ciudadanos. No era el debate el momento para aparentar flaquezas. Por ninguna de las dos partes. Pero la política es un cauce en el que lo que un día se atora al siguiente fluye. De manera que podrían ser consideradas para su análisis las cuentas que echa el conseller Mas Colell aprovechando que el debate sobre un cambio en el actual modelo de financiación autonómica está más que abierto. Y no sólo a requerimiento del Gobierno de la Generalitat de Cataluña. También se han dejado oír voces en el mismo sentido por cuenta de dos presidentes populares: Ignacio González, de Madrid y Alberto Fabra, de la Comunidad Valenciana. Hay expertos que dicen que no sería necesario tocar la Constitución para que unas nuevas tablas fiscales pudieran ser aceptadas por quienes ahora se sienten agraviados por el actual modelo fiscal en el que las comunidades que más aportan -Madrid, Cataluña y Baleares- se sienten discriminadas en el posterior reparto de recursos. Sin quebrar la solidaridad entre regiones y sin copiar el sistema que rige en Navarra y el País Vasco. Sería tarea de expertos haciendo números sin sentir en el cogote el aliento de la presión de la política y los políticos. Sería una forma de buscar un salida para evitar que con el despeñe político de Artur Mas la llave de la gobernación en Cataluña pasara a manos de Esquerra Republicana. Con el casi seguro escenario de un choque de trenes que, por múltiples razones, a nadie conviene.