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Chocolate al grifo – Por Francisco Pomares

   

Lo que está ocurriendo en el Puerto de la Cruz con el abastecimiento de agua comienza a resultar completamente indefendible. Los hechos son conocidos: 14.000 vecinos de los barrios no hoteleros cumplen hoy veinte días sin abastecimiento de agua apta para el consumo humano, e incluso difícilmente utilizable para ducharse o lavar la ropa. Hay que ir al Puerto y abrir un grifo, y esperar a que salga un liquido pardo y denso que parece chocolate aguado, para entender la magnitud del desastre, que ya produce verdadera desesperación entre los usuarios. El agua es sin duda el más esencial de los servicios públicos. Es razonable aceptar algún problema, alguna dificultad, alguna restricción, pero veinte días con el 80 por ciento de la población residente del Puerto lavándose con agua embotellada, parece superar el listón de lo razonable. Frente a esa situación, fruto de años de desidia inversora por parte de Acualia, la concesionaria privada del servicio municipal, el Ayuntamiento -incapaz de establecer ningún mecanismo para hacer frente a esta crisis de un servicio municipal esencial- ha decidido enrocarse, incluso en las formas. El lunes, el pleno municipal rechazó la propuesta de la oposición municipal para somete a Acualia a una auditoría externa, una medida que parece más que razonable cuando desde la compañía concesionaria del servicio se explica que el problema es la incapacidad económica para hacer frente a la instalación de unos filtros nuevos que podrían resolver o al menos paliar el problema. Resulta difícil entender la negativa del alcalde Marcos Brito a actuar, a la espera, como siempre de que sea el Cabildo quien resuelva con recursos públicos de todos los tinerfeños un problema de la concesionaria. En los últimos veinte años hemos vivido la generalización del proceso de privatización de los servicios de muchísimos municipios de toda España, y lo cierto es que -al menos en Canarias- el modelo no ha funcionado siempre bien. En Las Palmas, en Lanzarote, en Santa Cruz de Tenerife, las empresas privatizadas que gestionan el agua de consumo, dan un pésimo servicio, o incumplen reiteradamente las condiciones contractuales de la concesión, cuando no se enfrentan a acusaciones por corrupción. No es por ser agorero, pero después de años de propaganda privatizadora, vendiéndonos la idea de que lo privado gestiona siempre mejor que lo público, lo del agua debería servirnos de aviso de lo que puede llegar a suponer la privatización forzosa de los asistencia social que hoy prestan los municipios.