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Consejo Social de Santa Cruz – Por Ángel Llanos Castro*

   

En 1999, Bogumil sintetizó que los tres papeles relevantes que los ciudadanos pueden realizar en las democracias modernas son:

A)Elector: la gente vota, elige sus representantes y, al mismo tiempo, puede castigar a los que lo han hecho mal. B) Receptor de servicios: asumiendo un papel pasivo, algo así como un “cliente” de las administraciones públicas. C) Codecisor: participando activamente en la gestión e, incluso, en la producción de las políticas públicas.

Algunos autores españoles (como el profesor Cesar Colino) exponen abiertamente que esta última función codecisora, requiere compartir el poder, sin medias tintas, entre la administración pública y el ciudadano. Es decir, no basta ya con la mera participación ciudadana en base a encuestas o intervenciones aisladas en los Plenos. Tampoco es suficiente, por supuesto, el voto cada cuatro años o los foros participativos, que vienen a ser un barniz electoral con el que los políticos pretenden dar la sensación de contar con la opinión de los ciudadanos. La participación actual puede y debe ser directa; como dicen Colina, Olmeda y Parrado, compartiendo el poder. Una de las muchas fórmulas posibles es el Consejo Social de Santa Cruz de Tenerife, cuyo Pleno acordó reactivar el pasado viernes día 28 de febrero. Promovido con acierto por su alcalde, el Ayuntamiento chicharrero junta en un mismo órgano consultivo a los grupos políticos, a los representantes de las Juntas de Distrito, de los Consejos de Participación Ciudadana, de las Federaciones de Asociaciones de Vecinos, de las organizaciones empresariales, sindicales, ecologistas y de promoción económica, social y urbanística, así como a los exalcaldes, presidente de la Autoridad Portuaria, general jefe del Mando Militar de Canarias, presidente del Cabildo, subdelegado del Gobierno y un representante del Gobierno de Canarias. Finalmente, este Consejo Social, para representar de forma genuina al conjunto de la ciudad, cuenta entre sus miembros con representantes de los colegios profesionales, así como con 10 personas de reconocido prestigio en materia económica, social y urbanística o de especial significación o relevancia ciudadana. Un enfoque proactivo de participación de tal magnitud como el que promueve el Consejo Social de Santa Cruz de Tenerife, ya fue definido en el año 2001 por los autores Lowndes, Prantchett y Stoker como un instrumento al que denominaron “innovaciones deliberativas”, ya que busca intercambiar información y deliberar intensamente acerca de cuestiones multidisciplinares de todo tipo que afecten a su ámbito de actuación, y siempre sobre decisiones políticas que aún no se han adoptado o que, a lo sumo, pueden ser modificadas sin, relativamente, grandes dificultades. La creciente separación entre los ciudadanos y la vida política activa se debe en parte a que esta última está cada vez más desprestigiada, aunque algunos olvidan que “los políticos están divididos porque, la sociedad que les elige, también lo está” (Michael Sodaro). Y si bien es cierto que hay fórmulas deliberativas mucho más directas que el Consejo Social de Santa Cruz (por ejemplo, Barcelona tiene un Consejo de 100 jóvenes no asociados a entidad alguna), no es menos cierto que en Canarias no es habitual que un Ayuntamiento fomente un órgano de diálogo sin acotar sus temas, con procedimientos directos entre sus miembros y de carácter público. Si se usa frecuentemente, se usará bien. Y será ejemplo a seguir. Si no, simplemente supondrá aumentar un escalón más la ya de por sí amplia separación entre los políticos y los ciudadanos.

*VOCAL DEL CONSEJO SOCIAL DE SANTA CRUZ DE TENERIFE