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sssor Arun Chulani

Dueña de su voz – Por Arun Chulani

   

Apesar de la bonita voz que poseía, no eran muchas las palabras que emanaban de su garganta. El mundo que la había visto crecer se quedaba en las raíces, en lo básico, sin entrar en detalles. Irse por las ramas era para los arriesgados, los que no temían por su vida, prefiriendo disfrutar de cada instante de un modo diferente. Algunos preferían hablar, hablar y no parar de hacerlo; contar todas las historias que veían con lujo de puntualizaciones. Luego estaban los cantantes, los que no dejaban de alegrar los días con la armonía de su música. Música para los oídos de todos los que allí se paraban a escuchar, callados. Hablaban, en su lugar, los aplausos. Y es que aquel sitio era un pozo de gritos que ansiaba escapar, en silencio, de los altos muros. Las vidas de los que allí habitaban no se medían en latidos, en alientos o respiraciones. Allí se medía en palabras, sin importar si se gritaba o susurraba. Contadores de términos en cada cabecero de la cama, en cada puesto de trabajo, en cada muñeca. Y ella, dueña de la voz más bonita jamás oída, tenía el tesoro del lugar. La protegida de la familia y mucho más; un cofre con oro que nadie quería que se llegara a agotar. Conservarla por y para siempre, privándola de lo que la hace tan valiosa. Con amor por la música y la poesía, su actitud vivaz la motivaba a rodearse de los considerados locos, los que preferían vivir a lo grande y no midiendo sus palabras. Desmedidos sin medida, con locura o sin ella. Ella, con envidia sana y admiración llena, cogió aire un día para llenar sus pulmones: el momento había llegado. Era la hora de inspirar para no parar de cantar entre aquella buena gente; transmitir lo que era su vida y que tanto se le había prohibido: mostrar su voz. Y qué más daba lo que dijera la gente. Sería feliz haciendo lo que siempre había querido, lo que, según otros, la hacía tan preciada. ¿Por qué esconderse? Esa vez no. La raíz seguía junto a ella, aunque ascendía por las ramas. Poco a poco. Con cuidado. Miraba hacia atrás con nostalgia, sin detenerse. Entraba en una vida nueva, diferente. Ningún miedo a qué pudiera pasar. Todo, sin olvidarse de lo más importante: su sonrisa y, claramente, su voz…

@arunchulani