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El ejemplo de Belarmina – Por Pedro H. Murillo

   

Es pequeña y con el pelo de ceniza pero tiene la mirada de las mujeres castellanas: amplias y duras como el coraje del paisaje interminable. Belarmina Martínez recibió esta semana la distinción honorífica del Instituto Canario de Igualdad. Es un premio más que merecido a toda una trayectoria de lucha por los derechos de las mujeres más desfavorecidas. Belarmina lo hizo desde una época oscura. Ahora es fácil sumarse a la lucha por la igualdad y la violencia machista, sin embargo, ella afrontó el reto de la defensa de una injusticia milenaria. En el caso de España, con un feminismo en pañales, Belarmina escenificó, junto a otras muchas, la resistencia ante las injusticias perennes. La lucha iniciada a principios del siglo XX y prolongada durante la Segunda República para verse lastrada por una condena de sombra con el Franquismo. Unas décadas de incertidumbre de balbuceos democráticos en las que se fueron venciendo barreras dictatoriales pero la lucha por la igualdad y la paridad se relegaba a un segundo plano como tema no tan urgente. Es la historia de nuestras abuelas, en la que la mujer fue despojada de cualquier derecho a decidir sobre su vida. Hoy más que nunca se hace necesario reivindicar figuras como la de Belarmina Martínez como referente para una generación que, de nuevo como un carrusel siniestro, se encuentra sometida a los recortes de los derechos que tanto costaron conseguir. Tras recoger la distinción honorífica al trabajo de toda una vida , Belarmina ejerció en su discurso de una lucidez contundente evidenciando la necesidad de no bajar la guardia ante la reforma de la ley del aborto emprendida por el Gobierno del Partido Popular o por la violencia machista. Todo ello, en una semana trágica en la que la sinrazón se ha cobrado cuatro vías de mujeres. Según los últimos datos de la Encuesta de Población Activa y otros indicadores, las mujeres representan el colectivo que más está sufriendo esta crisis infernal. Padecen el recorte de derechos por duplicado y unos sueldos menguados trabajando las mismas horas que los hombres. Belarmina no sólo representa una voz y un color en la paleta de grises sino una obligación no sólo para las mujeres sino para todos los hombres. Es la necesidad de continuar y no olvidar un legado que no es eterno y que se ha revelado frágil. Quizás nunca antes sea más perentorio el significarse y salir a la calle a reclamar por esos derechos amenazados en forma de mareas, negro sobre blanco o en nuestra vida cotidiana.