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El ejemplo de la ONCE – Por Juan Manuel Bethencourt

   

La gente que busca ser, por encima de todo, dueña de su vida es la que está ejerciendo de modelo en medio de esta crisis económica brutal, que tantos años dura ya. Lo pensaba hace unos días, en plena reunión de la ejecutiva insular de Coalición Canaria en Tenerife con una nutrida representación de la Organización Nacional de Ciegos Españoles. Con su director, Andrés Guillén, a la cabeza, el mensaje allí era emitido era evidente: no queremos ser dependientes, queremos oportunidades de empleo, porque nos hemos formado para ello. Esta carencia tiene que ver, en muchas ocasiones, con el desconocimiento, porque muchas empresas ignoran las posibles ayudas y deducciones disponibles por la contratación de personas con alguna discapacidad. También con una cuestión de actitud, pues en muchas ocasiones nos refugiamos en la comodidad, no entendemos que la economía social puede ser, además de responsable colectivamente, una economía eficiente. Claro que ayudarnos entre nosotros forma parte del contrato social, que la responsabilidad compartida es un valor a proteger. Pero no era ese el mensaje que nos dejaban los jóvenes que se sentaban en aquella mesa. Ellos hablaban de responsabilidad individual, la que pretenden encarnar en el desempeño de sus funciones profesionales, porque una sociedad mejora en la medida que más y más integrantes deciden que su papel en la misma es sumar. Recuerdo que uno era matemático, el otro ingeniero industrial. Complejos ninguno, y autocompasión, menos aún. Eso nos quedó clarísimo, y creo que fue una aportación interesante para lo que aprecio como una certeza: esta sociedad, la sociedad canaria, necesita articular una alianza por el dinamismo, por la acción, por el espíritu emprendedor, porque son los batalladores emergentes quienes están ofreciendo la respuesta adecuada a las injusticias del presente. La desigualdad es la consecuencia pésima de esta crisis, de modo que, o salimos todos, o no hay razón alguna para hablar de recuperación. Ésta no puede quedarse en las cuentas de los bancos rescatados con dinero público ni en la cartera de pedidos de las grandes corporaciones. La lección pertinente nos la dan personas como las que hablaron el otro día en la sede santacrucera de la ONCE. La adversidad, de nuevo esa maestra infalible, nos marca un camino que pasa por la combinación de coraje e inventiva. Vamos a ver si la política, tantas veces denostada, pero siempre necesaria, es capaz de entender ciertas lecciones que nos llegan desde la propia sociedad. Para eso hay que escuchar mucho, hablar mucho, predicar con el ejemplo y poner a las administraciones al servicio del esfuerzo que cada día nos regala la gente. La Canarias que se levanta temprano es la que tiene futuro.

www.juanmanuelbethencourt.com

@JMBethencourt