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En trasero ajeno – Por Francisco Pomares

   

La petición por el Parlamento de Canarias a la Audiencia de Cuentas -esta vez por unanimidad- de un nuevo informe de fiscalización sobre la Radiotelevisión Canaria, centrada ahora en las cuentas de 2011 a 2013, supone una nueva vuelta de tuerca en el cuello del director general Willy García. No sólo porque la iniciativa haya sido presentada por la diputada del PP Águeda Montelongo, némesis de García, sino sobre todo porque finalmente resultó apoyada por el grupo nacionalista, en lo que supone un cierto giro al apoyo cerrado que García había venido recibiendo del entorno presidencial desde el día de su nombramiento.

Los tiempos cambian, desde luego: la posición de García, después de seis años de conflictos y tensiones, y -sobre todo- después de su asirocado comportamiento con la diputada Montelongo, han provocado que en el grupo nacionalista aparezcan cada vez más fisuras en lo que antaño fue una defensa más cerril que cerrada. Después de que Ruano se sumara a la “reprobación” del director general del Ente, ha sido ahora Barragán, quien ha apoyado la iniciativa de la diputada Montelongo porque ahora considera que no se puede negar a un informe de fiscalización cuando “se trata sólo de investigar”. Barragán reconoció incluso la existencia de irregularidades en la contratación de la televisión pública canaria, al asegurar que “una cosa son irregularidades y otra ilegalidades”, un matriz semántico importante, desde luego, porque algo ilegal es delictivo, y -según Barragán- la existencia de delitos en la gestión del ente es algo que de momento no se ha demostrado en el caso de RTVC.

Rivero puede estar haciéndole un muy flaco servicio a su apreciadísimo director general al empeñarse en mantenerlo contra viento y marea hasta el final de esta legislatura, sumando dos ejercicios de mandato en el Ente, y condensando todos los focos sobre el universitario de la vida. Su evidente proximidad a García -puede decirse que García es, después de la mujer de Rivero, el más íntimo y cercano de los miembros de su ‘círculo interior’- no constituye hoy un elemento de protección sino de desgaste de García.

En efecto, hasta hace un par de años, nadie en Coalición discutía a García porque García era el protegido presidencial. Hoy le discute todo el mundo, precisamente por serlo, y porque las patadas al trasero de García son un perfecto recado al candidato Rivero.