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Esa maldita violencia – Por Victoria Lafora

   

La Unión Europea conoce, por fin, que una de cada tres mujeres de este paraíso occidental, el más avanzado en cuanto a derechos humanos, ha sufrido violencia física o sexual a manos de sus parejas. Según el informe presentado ayer en el Parlamento Europeo las mujeres “no están seguras ni en casa ni en el trabajo”. Un 5% reconoce haber sido violada y un 43% haber sufrido algún tipo de violencia psicológica, como humillaciones en público, prohibición de salir de casa o amenazas físicas. ¿Les suena? Lo que demuestra que, en pleno siglo XXI, ni siquiera dentro de las fronteras europeas la mitad de la población está a salvo de las vejaciones o la agresión que acaba, a veces, en asesinato.

¿Cómo es posible que una sociedad moderna, que alardea de derechos sociales, que da lecciones de democracia e impone sanciones económicas a los países que no cumplen su estándar consienta y tolere el riesgo que significa nacer mujer en Europa? Los datos provienen de una macroencuesta a cuarenta y dos mil mujeres de toda la UE que desvelan lo que cada víctima de la violencia machista ya sabía: no hay una legislación europea que proteja sus derechos más elementales. El Parlamento europeo, que ha aprobado últimamente iniciativas tan loables como la posibilidad de que una multa en cualquier país europeo se pague, o las normas para salvaguardar la privacidad de los ciudadanos, o la normativa para la creación de infraestructuras de combustibles alternativos, tiene pendiente la salvaguarda de la integridad física y moral de las mujeres. Las elecciones al Parlamento que se celebraran en mayo pueden ser la oportunidad para elegir aquellas candidaturas con mayor presencia femenina que reclamen la puesta en marcha, de manera inmediata y eficaz, de una legislación que acabe con esta maldita violencia que, de momento, ya ha causado la muerte a 12 mujeres en España desde que comenzó 2014. Los datos de la encuesta ofrecen unos resultados desiguales entre los países del Norte y del Sur. No es cierto que exista mayor violencia en Suecia, Noruega o Finlandia. Lo que ocurre es que las mujeres de esos países saben distinguir con mayor nitidez la diferencia entre acoso y galanteo, entre un empujón y un juego. Pese a que España es pionera en normas contra la violencia machista, existe la ley de 2004 de Protección Integral contra la Violencia de Género, los resultados no son alentadores después de 10 años de aplicación. Entre otras cosas porque los recortes impuestos por el PP han cerrado muchas de las casas de acogida a donde acudían las víctimas de malos tratos. Europa no puede seguir mirando para otro lado, ni legislando sobre medio ambiente y otras causas, mientras exista esta vergüenza en su suelo como es la violencia machista que amenaza la dignidad, los derechos fundamentales, e incluso la vida de la mitad de su población.