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Espíritu paralímpico – Por Juan Pedro Rivero

   

La pasada semana se inauguró en Sochi (Rusia) la Paralimpiada 2014 de deportes de invierno. Un espectáculo extraordinariamente bien preparado en el que fueron desfilando los deportistas que representarán a su países respectivos ante las delegaciones allí presentes, presididas todas por Vladímir Putin. Muchas sillas de ruedas, abanderados con dificultades para andar, pebeteros sostenidos por el único brazo de la portadora… La discapacidad en chándal, representando orgullosamente a cada uno de sus países.

El espíritu olímpico caracterizado por la capacidad para superar las dificultades y alcanzar marcas nuevas más allá de la discapacidad, la solidaridad y el reconocimiento que la diferencia no es estorbo, porque el espíritu humano es portador de puentes y lazos más allá de sus propias fronteras… Sinceramente, creo que fue un verdadero espectáculo de grandeza humana. Sin embargo me sorprendió mi propio pensamiento en el mismo lugar y en el mismo instante en el que veía la retransmisión de aquella apertura oficial de los juegos de invierno paraolímpicos. Pensaba en los acalorados debates recientes en torno a la discapacidad y malformación de seres humanos que aún no han nacido y los cuestionamientos de hasta qué punto se les debe o puede proteger como sujetos de algún derecho que haya de ser protegido o, al menos, tutelado. Así somos los seres humanos. Incoherentes en la práctica, porque tendemos a infectar las razones con los virus de la ideología. Por un lado aplaudimos el espíritu paralímpico y, a la vez, por otro, planteamos medidas eugenésicas que inviten a la sociedad y la familia, con el andamiaje de los derechos de decisión, la carga de una malformación congénita. Ojalá haya mucho paralimpismo siempre: madres y padres paralímpicos, servicios sanitarios paraolómpicos, legislaciones paralímpicas y, sobre todo, una sociedad coherentemente paraolímpica. Sí a las Paralimpiadas de Sochi y del mundo entero.

Juan Pedro Rivero es RECTOR DEL SEMINARIO DIOCESANO
@juanpedrorivero