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Hay – Por Jorge Bethencourt

   

Hay petróleo. Bien es verdad que allá abajo, en casa del carajo, o sea, en el fondo del fondo. Pero hay. Y lo que antes se despreciaba, porque los costos de extracción eran muy altos, hoy sirve. Vivimos las últimas décadas de la civilización del petróleo. Se acaba la fiesta, pero aún quedan las últimas gotas en la botella. Y como estamos cantando esa ranchera de beberse el último trago de 95 sin plomo, el Gobierno de España, que con muy mala leche llama Carlos Alonso peninsular, ha decidido pasarse por el forro las objeciones, protestas, zancadillas y maniobras desesperadas del gobierno de Canarias. Y si me apuran, aunque todos los canarios se pusieran en fila india con el voto de “NO” a las explotaciones de petróleo, el asunto seguiría adelante. Ya somos muy mayores como para no saber los intereses que hay en juego. Y hay que ser muy ingenuo para pensar que la imposible movilización social de un pueblo petrificado en el barraquito va a convencer a quienes mandan de que mejor no pinchan el subsuelo jurásico del mar cercano a las Canarias. La gente a estas alturas ya pasa de todo. Y, mira, hasta se entiende. Están “rayados” como dice la peña de hoy. Hartos de ver siempre las mismas reacciones de quíquere agresivo. El signo de los tiempos es la destemplanza, la intolerancia y la ofensa personal y se puede encontrar en una junta general de vecinos o en el Parlamento. Alejemos de nosotros la funesta manía de pensar. Aquí se repiten los tópicos que escuchamos en boca de telepredicadores avispados y encendidos patriotas de alguna cosa. Canarias va a ver cómo pinchan y sacan el petróleo y a nadie se le va a mover ni un pelo del sobaco. Lo saben muy bien en Madrid y en las Islas. A la gente parece que se la suda el hidrocarburo. Y el REF. Y la ley electoral canaria. Aunque luego, si se jode la cosa con el piche, todos dirán esto y aquello, como si desde el minuto uno lo hubieran tenido claro. Sacarán el crudo debajo de nuestras barbas y sin darnos una pela. De gratis. Si la cagan y nos pintan de negro las playas, vendrán a darnos unos espejitos de cristal y unas palmaditas en la chepa. Por lo demás, faltan 363 días para el próximo carnaval.