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Hipócritas – Por Jorge Bethencourt

   

Rusia se va a quedar con Crimea, titularon los periódicos de la vieja Europa esta semana. Y así parece que va a ser, tras un referéndum contrario a la ley de Ucrania que ha servido para maquillar de apariencia democrática la anexión de Rusia, por pelotas, de un pedazo de país ajeno. Resulta vomitivo contemplar el espectáculo de cómo la fuerza se impone a la legalidad ante la pasividad internacional que sólo es capaz de fabricar huecas protestas y advertencias sin futuro. Los mismos dirigentes, pagados de sí mismos, que declararon ampulosamente su compromiso con la humanidad para bombardear Libia y acabar con la dictadura de Gadafi guardan ahora un bochornoso silencio cobarde ante el oso ruso. No es el mismo tonelaje. Esta es una lección práctica para los ciudadanos del siglo XXI. Las grandes potencias militares hacen política internacional con la boca de los fusiles. Mucho cañón y poca mantequilla. Desde esa perspectiva adquiere su verdadera dimensión el debate sobre el nacimiento de las naciones, la segregación de Cataluña, el derecho de los pueblos a la autodeterminación y el derecho de los Estados a defender su integridad territorial incluso por la fuerza. Y esa dimensión es que toda esta verborrea a la que estamos asistiendo es pura paparrucha. Si quieres algo y tienes la fuerza necesaria para cogerlo, será tuyo. Porque subyacente a toda la hipócrita literatura democrática de la ONU, la penosa realidad es que sus reglas sólo se aplican a los débiles. Lo ha demostrado Estados Unidos, el bondadoso psicópata gendarme del mundo, creando una prisión ilegal y manteniéndola ante el mutismo de todos los países democráticos. Lo ha demostrado un presidente distinguido, en el colmo del bochorno, con el premio Nobel de la Paz, que ha tolerado la tortura y la prisión de ciudadanos secuestrados de otros países y encarcelados sin garantías jurídicas. Y lo demuestra ahora Rusia organizando con toda impunidad el teatro de la consulta popular de Crimea para anexionarse, por las bravas, un territorio de Ucrania vital para los intereses militares navales de la administración Putin. Nadie le va a toser. La hipócrita Europa que animó a los ucranianos a integrarse en ella, mantiene ahora una expresiva parálisis llamada irónicamente “rechazo”. Se llama diplomacia internacional.

Ahora sigamos hablando de la consulta de Cataluña y teorizando sobre la unidad de España y la inmortalidad del cangrejo.