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La hora dorada – Por Sergio García de la Cruz

   

Adams Cowley está considerado como el padre de la medicina de urgencias. Falleció el 27 de octubre de 1991; pero nos dejó un gran legado. Él fue el que acuñó la frase “la hora dorada”, con ella nos mostró lo vital que son los 60 minutos que transcurren después de una lesión para la supervivencia de una víctima o la reducción de las secuelas. La hora de oro entre la vida y la muerte. Además, fue uno de los primeros en realizar la cirugía a corazón abierto, ideó una pinza quirúrgica, la cual lleva su nombre, y ayudó a diseñar un marcapasos prototipo utilizado por el presidente Dwight D. Eisenhower, acontecimiento que fue llevado a la gran pantalla.

Su trabajo en este sentido comenzó desde una perspectiva militar, no solamente con el objetivo de reducir muertes, sino que quería evitar también los traumas que quedaban de por vida den la persona y que suponían un dispendio continuo y considerable para cualquier Estado. Los miembros de la escuadrilla del rescate Ángel Guardián, de Estados Unidos, tienen claro lo que es la hora de oro. La idea es entrar y salir lo más rápido posible, sin exponer al paciente a riesgos adicionales; cuanto más tiempo estén en el suelo, más tiempo serán vulnerables a los ataques y disminuye la probabilidades de supervivencia del paciente. Sus armas son la ejecución de cinco fases: información, búsqueda, soporte, recuperación y reintegración, todo ello en menos de una hora. De manera que, y esto es extrapolable, en cualquier otra situación sobre la gestión inteligente de cualquier sociedad si hacemos una inversión inicial fuerte con unos medios materiales y humanos de primera línea los gastos serán menores que si actuamos de la forma contraria. Lógicamente lo primero no vende políticamente porque supone un desembolso evaluable e inmediato y producen unos beneficios difíciles de cuantificar y que quedan ocultos en la trastienda sin posibilidades de ser un reclamo electoral.

Adams decía que si la asistencia se producía pasada esa primera hora, los resultados negativos se producirían siempre. Tal vez no llega la muerte en los primeros días o primeras semanas, pero algo ha ocurrido en el cuerpo del paciente que es irreparable. Los servicios de urgencias saturados con escasez de personal y de medios materiales, la carencia de ambulancias suficientes, la retirada de medios aéreos de urgencias en unas islas como las nuestras y que además cuentan con una orografía abrupta de múltiples formas, no deja de ser una forma de atentado contra nuestras vidas. No olvidemos que los ciudadanos tenemos el derecho a la protección de la salud (artículo 43 de la Constitución), esto significa que se nos tiene que garantizar la asistencia y las prestaciones precisas.

La medicina de urgencias es todo un arte y así lo dejó claro Adams. Hoy por hoy numerosos profesionales de varios campos acuden a Adams Cowley Shock Trauma Center en Maryland para ampliar sus conocimientos en esta interesante rama, a cambio se les pide lealtad, dedicación, habilidad y trabajo duro.

www.sergiogarciacruz.com