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El interruptor está en Rusia – Por Saray Encinoso

   

Arranca nuestros coches, enciende las bombillas y activa la calefacción de nuestras casas. Sin petróleo y gas, el mundo, tal como lo conocemos, no existiría: se apagaría. Todos los países -grandes, medianos o pequeños- planifican su política exterior a sabiendas de que sin independencia energética la seguridad nacional está en peligro. Esta certeza es crucial siempre, pero para un continente como el europeo, que consume un 13% de la energía mundial y que solo es capaz de producir la mitad de su demanda, lo es aún más. Lo importante, sin embargo, no es solo garantizar el suministro y que los interruptores sigan funcionando, sino lograrlo sin hacer demasiadas concesiones.

De momento, la Unión Europea solo ha sido capaz de mantener lo primero. Hace años que los ministros del ramo se reúnen cada cierto tiempo para debatir sobre el concepto de seguridad energética, tratar la necesidad de abrir nuevos mercados y analizar los peligros de colocar todos los huevos en la misma cesta, pero no parecen haber tenido demasiado éxito. La crisis de Ucrania, más allá de todas las discutibles lecturas geoestratégicas, ha vuelto a evidenciar que la energía sigue marcando la agenda política. Europa ha tenido que moderar su postura con Rusia. Solo hace falta comprobar en Eurostat cómo la dependencia energética comunitaria lleva una década estancada en el 53% y echar la vista atrás para analizar las sucesivas ampliaciones de la Unión. La energía, y más concretamente el gas, es una clave que se repite en las adhesiones de los últimos años. A excepción de España e Italia, que miran hacia el norte de África; Francia, que se abastece de sus centrales nucleares; y Reino Unido, que lo hace en el mar del Norte, el suministrador por excelencia es la Federación rusa. Alemania, por ejemplo, es uno de los países que más demanda gas ruso y que más se ve condicionado por la situación de las exrepúblicas soviéticas (países de tránsito).

La independencia de Crimea y su adhesión a Rusia, con todas las implicaciones políticas y sociales que tiene y tendrá, ha vuelto a dejar al descubierto uno de los mayores riesgos que corre Europa: no saber gestionar adecuadamente su política energética. Darle al interruptor es una responsabilidad enorme, sobre todo en países donde la gente, sin calefacción, se muere de frío. Que Vladimir Putin tenga en exclusiva el poder exclusivo es algo en lo que, como mínimo, hay que pensar.

@sarayencinoso