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Liga de estrellas – Por Carmelo Rivero

   

Traigo una doble ración de fútbol y ciencia. El fútbol siempre viene mientras pasa la vida, y le hemos dado, sin querer, una dimensión científica, cuando hablamos de las estrellas. Ahora se menosprecia a Guardiola, pese al éxito de sus leyes, por tener conciencia futbolística (como Ferran Adriá, futbolista frustrado, con la cocina). La Alemania que nos tiraniza con la austeridad no consiente que vayan de España a subvertirle el estilo (a enmendarle a Schweinsteiger), aunque sea la campeona del mundo. En junio y julio el Mundial paralizará el planeta fútbol (otra concomitancia) y se habla mucho en Europa de la dimisión y cárcel de Uli Hoeness, el jefe de Guardiola, o los trasuntos con Hacienda de Neymar y Messi, y el proceso de Bruselas a siete clubes españoles. Beckenbauer, exarca del Bayern, critica al técnico catalán (no es Leibniz contra Newton, pero sigamos la corriente) porque quiere tocarla hasta en la línea de gol y teme que los estadios se vacíen. Rummenigge piensa lo contrario. El alquimista Guardiola lleva, desde el sábado, 23 puntos de ventaja al segundo en la Bundesliga. ¡Mala época para cuestionamientos! Turno para la ciencia. Hacemos la ola ante el descubrimiento del gen de la obesidad, que se llama como los indios iroqueses (Alfredo Relaño distingue en el As entre el tiqui-taca y el fútbol del oeste, de tiros y galopadas). La Big Pharma (la gran industria farmacéutica) celebra el hito de los biólogos y genetistas de Sevilla y Chicago, ávida por lanzar una píldora antigrasa. Está esa ciencia megalómana un tanto zafia (balón chutado y gol por la escuadra) y la que practican en las montañas guardiolas como Rebolo, director del Astrofísico canario, de cuyos hallazgos luego la humanidad hablará durante siglos. Hay sueños de ciencia (Valdano tenía sueños de fútbol), y en abril, mientras la postal satélite de Canarias puede convertirse en la mejor foto de la NASA del año, el Observatorio del Teide aspira a alzarse con los telescopios Cherenkov de rayos gamma, en un partido desigual frente a Arizona (EE.UU.), que para Tenerife es como un maracanazo. “La humanidad sin ciencia no sería humanidad”, sostiene Rebolo. Sepan los escépticos de la astronomía (los que no ven más allá de la ‘viagra’ de la gordura) que esos telescopios dejarán en treinta años 100 millones de inversión. Es la liga de la estrellas.