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María de Ávila – Por Luis Ortega

   

La convulsión internacional por la prematura muerte de Paco de Lucía y los ecos de sus funerales y despedidas opacaron el dulce tránsito de la más importante y generosa de las figuras de la danza clásica en España en el siglo XX. La barcelonesa María Dolores Gómez de Ávila (1920-2014) comenzó sus estudios con Paueta Pamiés, directora de coreografía del Gran Teatro del Liceo, que la hizo alternar las disciplinas académicas con las prácticas de ballet clásico y baile español; debutó con diez años en las óperas Aida y Lohengrin y, con diecinueve, era su estrella y su prima ballerina assoluta. Durante la Guerra Civil continuó con sus actuaciones en el Teatro Tívoli y siguió estudios de perfeccionamiento con Alexander Goudunov y, en el Madrid sitiado, con la famosa Julia Castelao. Formó pareja artística con Juan Magriñá, primer bailarín de la Opera de París y perteneció también a la Compañía Española de Ballet. Pese a los triunfos memorables, a las excelentes críticas y a las ofertas de los principales coliseos del mundo, se casó con el ingeniero José García Gil, colgó las zapatillas y se dedicó a la docencia que, “más allá del contacto y del calor del público”, fue su mayor vocación. Abrió en Zaragoza su famosa academia (Calle del Coso, 15), por donde pasaron aprendices y profesores que quisieron conocer sus eficaces métodos didácticos que consistían, simplemente “en unir el rigor y la sensibilidad, la perfección y la pasión”. Asimismo, en la capital mañana, fundó su Ballet Clásico y una compañía juvenil que fue cantera de figuras que alcanzaron reputación mundial. Una de sus primeras alumnas, Ana María Gorriz, fue solista del Ballet del Marqués de Cuevas y primera figura del canadiense Winnipeg Ballet. También siguieron sus enseñanzas Carmen Roche, Víctor Ullate, Nazareth Panadero, Ana Laguna, María Jesús Guerrero, Antonio Castilla, Trinidad Sevillano, Arantxa Argüelles y Gonzalo García, estrella del Newy York Citty Ballet. “Mi vanidad de artista está suficientemente complacida con el éxito de todos aquellos jóvenes que confiaron en mí y me permitieron formarlos con mis mejores conocimientos y mi mayor voluntad, una virtud grande porque, sin falsa modestia, la tenacidad es la clave para vencer en cualquier orden de la vida”, dijo al recoger el Premio Internacional del Festival de Miami, en reconocimiento a toda su carrera, distinguida con premios y condecoraciones españoles y europeas.