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Más de lo mismo – Por Francisco Pomares

   

Después de las prospecciones realizadas en la cuadrícula Cabo Jubi III, la confirmación de que hay petróleo cerca de las costas marroquíes (y precisamente en la zona más próxima a Fuerteventura) no parece estar ayudando a reconducir el debate en Canarias: las posiciones siguen siendo las mismas. El Ministerio celebra el hallazgo y entiende que el descubrimiento refuerza la posición de la petrolera Repsol. El Gobierno regional considera que haber encontrado petróleo refuerza tanto la demanda de paralizar las prospecciones, como la necesidad de exigir a Madrid que presione a Marruecos para exigir garantías medioambientales.

Es sorprendente que lo que podría haber supuesto el inicio de una reflexión sensata sobre los costes, ventajas y riesgos de la explotación se utilice por unos y otros como una reafirmación de la propia posición, sin más. Para el Ministerio, a pesar de no conocerse ni la calidad ni la cantidad del petróleo encontrado, y por tanto la viabilidad de la explotación, se trata de una buena noticia, porque Soria está por sacar petróleo. Para el Gobierno de Canarias, que haya petróleo o no, no parece ser lo importante, porque la decisión de que extraerlo supone un riesgo inasumible ya ha sido adoptada previamente. La primera es una posición temeraria, la segunda irresponsable. Y es que en esto del petróleo se está produciendo una absurda situación, como en tantas cosas que emponzoñan el día a día de la política canaria: quienes defienden la realización de las prospecciones no paran de dar argumentos a los contrarios y viceversa.

Al final, el posicionamiento sobre el petróleo en Canarias escapa a cualquier contingencia o valoración técnica, y se mueve sólo por su variable ideológica: lo que no vale para el PP en Baleares o Valencia vale aquí, lo que el PSOE defendió en el Mediterráneo, en el Atlántico es una imposición de Madrid, y lo que decida Marruecos no le importa una higa a nadie, como si hubiera unas frontera sobre el agua y las corrientes. La soberbia de los que mandan, la defensa de intereses -electorales o económicos- y el desprecio a la verdad se han enseñoreado por completo de este asunto, en el que ya a nadie de los que nos gobiernan parece importarle de verdad lo que pueda ocurrir, sino el desgaste que eso suponga para el adversario político. Pero no se de que se sorprende uno. Eso es aquí lo que sucede siempre. Da igual que se hable de petróleo, de financiación o de reconversión de la planta turística.