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Meadilla – Por Jorge Bethencourt

   

Debido a mis profundas e insondables reflexiones, a mi aguda inteligencia y a mi brillante capacidad para analizar la realidad -todo ello matizado, como diría mi amigo Alarcó, por mi natural modestia- he descubierto los perversos propósitos que anidan en José Bermúdez.

Y digo anidan en sentido metafórico, así que nadie busque en la frondosa y cuidada pelambrera del alcalde un hueco hecho de pajas y un par de huevos. Si quieren buscar eso, no será en la pelambrera.

Los ciudadanos de Santa Cruz siguen viviendo como si no pasara nada. Pero es porque no han caído en la cuenta de la que se nos viene encima. De forma sibilina, a través de su mano derecha y responsable de Hacienda, Alberto Bernabé, el Ayuntamiento ha puesto en marcha un diabólico plan para solucionar el problema de la financiación municipal. Aunque a Bernabé se le está poniendo alma de Montoro (no hay más que ver cómo empieza a padecer astigmatismo, a perder pelo y a parecerse al señor Burns, de los Simpson) hasta ahora había manifestado cierta clemencia con los ciudadanos a la hora de los impuestos. Pero se acabó. Novecientos euros le han clavado a un pobre hombre que, llevado de un apretón, tuvo que mear en plena calle.

Ños! Novecientos euros. Se dice rápido. Que te estás meando, que no puedes aguantar y nada: por abrirte la bragueta y sacar el canario te cae más del salario mínimo. Claro. Con la cantidad de baños públicos que hay en Santa Cruz -casi a uno por esquina- si meas en la calle es por vicio. O te pagas un cortado y lo haces en el bar que sólo deja usar el baño a los clientes. O sales de casa con la vejiga vacía como los sesos de un diputado. Tú eliges.

No les digo nada lo que va a ingresar esta gente en los próximos Carnavales. Millones de euros. Ese es el plan. Caerle encima a las mascaritas y hacer caja a lo bestia. Duro con ellos. A 900 por meadilla al personal se le va a cerrar el grifo. No se puede permitir que se viertan aguas fecales en la ciudad como si Santa Cruz fuera un retrete.
Me angustio de pensar en la que les va a caer a los munícipes por el agua de mierda que están echando al mar todos los días por la metafórica bragueta de la depuradora. Ni pensarlo quiero.