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Al golpito>

El miedo perdido – Por Rafa Lutzardo

   

Cuenta la leyenda que en la noche del 18 de julio del 64, después del nacimiento de Cristo, el emperador Nerón dio la orden de incendiar Roma. Y, según una de las versiones de estos hechos, mientras Roma ardía, Nerón cantó, vestido para la ocasión, el Iliou persis (el Saqueo de Troya). Según narró el historiador Tácito, Nerón condenó a los cristianos a ser arrojados a las fieras, los hizo crucificar y los quemó para que sirvieran de antorchas. Castigo ejemplar para calmar los soliviantados ánimos de los que el propio Nerón consideraba “populacho”. Roma ardía mientras el causante de la hecatombe tocaba la lira, como si tales hechos no fueran con él. Algo así está viviendo las últimas semanas Venezuela. “Nos han quitado tanto, que acabaron quitándonos el miedo”. Eso se podía leer en una de las pancartas que usaron miles de jóvenes, en una de las tantas manifestaciones que se han venido realizando en estos días en Venezuela. Una madre venezolana dice: “Uno se acostumbra a muchas cosas. Nos hemos ido acostumbrando a pasar mucho trabajo, a sufrir, a llorar de impotencia, a ser desprendidos hasta de lo indispensable, a tener mucha paciencia… Eso nos ha hecho fuertes ¡muy fuertes! Y hoy me doy cuenta que todo eso lo han absorbido nuestros hijos. Nuestros jóvenes están demostrando una fortaleza tan impresionante que nunca creí que fuera a ver algo igual. Pero pienso que a lo que uno nunca podrá acostumbrase es a que nos maten a un hijo. Uno lo puede llevar con fortaleza pero ¡qué duro es eso Dios Mío!Lo que sí estoy entendiendo ahora es que mis hijos, y muchos hijos de Venezuela, no tienen tampoco miedo a la muerte. Porque ellos saben que esto aquí es un paso, y que luego les llegará su gran recompensa, porque han vivido de cara a Dios y han dejado sembradas buenas cosas en esta tierra”. Por otro lado, mis hermanos, emigrantes canarios, todos ellos tienen hijos, jóvenes valientes que ya están familiarizados con el terror, la violencia y el miedo de los presidentes dictadores. Sin embargo, muchos de esos millones de jóvenes no llegan a vivir lo suficiente, motivado por el gran número de muertes violentas que se sucede cada semana en Caracas y resto del país. El analfabetismo, la pobreza, las drogas, alcohol, mafias corruptas, una economía debilitada y un Gobierno perdido por la fiebre del poder, motivan que las calles y avenidas principales de Venezuela ardan como ya ocurriera en el pasado con Roma. La Venezuela del chavismo rojo ya tiene competidor: una sociedad civil que ya no tiene miedo al chantaje y al poder del Gobierno de Nicolás Maduro.