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El millón que no fue – Por Francisco Pomares

   

Los periódicos grancanarios llevan un par de días contando -con muy distintos enfoques- la noticia de que un empresario con intereses en Maspalomas ofreció una pasta gansa al presidente del Cabildo, José Miguel Bravo de Laguna, para que mediara en cuestiones urbanísticas. La noticia, a pesar de ser aparentemente veraz, tiene menos entidad de lo que en principio apunta su escandaloso enunciado: Bravo fue contratado en su condición de abogado por el promotor Cristóbal Rodríguez Marichal -que es quien ha filtrado la información ahora-, para que prestara sus servicios como letrado e intermediara en varias operaciones relativas a unos locales comerciales situados en el hotel Oasis. Bravo, que estaba fuera de la política en ese momento, cobraría 3.000 euros mensuales de iguala, y entre medio millón de euros y un millón, si las cosas salían bien y se conseguía la recalificación de los locales. Un año después de firmar este acuerdo de carácter profesional, Bravo se convirtió en presidente del Cabildo y abandonó su despacho, que quedó en manos de su hija. Y hasta aquí, nada singularmente inusual, más allá de la (por desgracia) consabida permeabilidad entre el ejercicio profesional y el de la política, que en algunas ocasiones puede difuminar o confundir las fronteras de lo lícito y lo legal.

La cosa es que -siendo ya presidente del Cabildo- Bravo se significó en la tramitación de la declaración del hotel Oasis como BIC, con alguna actuación que resultó polémica, y por las que fue acusado por una de las partes en litigio en aquel asunto, de favorecer a la otra, concretamente al grupo Lopesán. Por esas fechas, la relación entre Rodríguez Marichal y Lopesán -con intereses comunes en algunos negocios del Oasis- se torció, y Marichal decidió entonces enviar una sorprendente carta, registrada en el Cabildo en junio de 2013, en la que anuncia que rescinde el contrato con el bufete de Bravo, alegando que lo hace “para que nadie pueda creer” que quiere “aprovecharse de su privilegiada posición política”. Esa es la carta que el empresario lleva unos meses repartiendo por los medios de comunicación de Las Palmas, y que sólo ahora ha saltado a la primera página de los dos grandes periódicos grancanarios. Muy oportunamente, ha ocurrido precisamente cuando faltan apenas unos pocos meses para que el PP tenga que decidir el papel de Bravo -y de su hijo, al que Bravo quiere promocionar como su sucesor en el Cabildo- en las listas electorales.