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La última > Jorge Bethencourt

La misma película – Por Jorge Bethencourt

   

Es como cuando salía en la película el león de la Metro Goldwing Mayer y el amigo chistoso soltaba “Esta ya la he visto yo”. Y es que, claro, todas las películas empiezan igual aunque luego terminen de forma muy distinta. Algo así pasa con los debates parlamentarios, que siempre se recuerdan unos a otros. Tal vez porque no cambian ni el escenario, ni los actores, ni -lo que es peor- la obra que se interpreta.

En nuestro caso, el libreto está claro. Hay sesenta actores situados bajo un cielo de evocaciones musicales y un coro de trescientas setenta mil personas que murmuran con una ira creciente. La democracia representativa tiene eso. Que es un churro. El peor sistema, si exceptuamos a todos los demás. Que se empeora cuando te toca una generación floja de sesos.
La gente tiene una opinión muy mala de los políticos. Pero también habría que plantearse tener una opinión bastante mala de la gente. En este país lo que se ha puesto de moda es el griterío verdulero, la pasión por los excesos verbales, el morbo por las historias de crímenes o abusos que se narran como interminables historias en la televisión. Si se vende la frivolidad es porque tiene compradores.

Así que lo que representa el Parlamento es la fiel imagen de una Canarias invertebrada, desposeída de aquella fuerza que le proporcionaba la inteligencia de la burguesía comercial, de los ilustrados, de los políticos que se sentían más que nada canarios y se batían el cobre en el Estado para hacer más grande su tierra sin ninguna vergüenza de pronunciar el nombre de España.

El Gobierno ha atravesado el debate sobre el estado de la nacionalidad con relativa calma. La sociedad está ausente de este tipo de acontecimientos. Y se nota. Los partidos no se salen del cliché como, si fueran coches de un scalextric que circulan atados a una guía. Canarias viene pidiendo a gritos que pase algo. Que se sacudan los cimientos de una casa mal construida. Aquí hemos hecho algunas cosas francamente mal para que esté pasando lo que podemos ver cada día por nuestras calles.

Paulino Rivero dice que hace falta una segunda transición. Es verdad. Especialmente en unas islas donde cuando más crecía la economía más se distanciaba la renta de las familias de la media nacional.