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Mundos posibles – Por Indra Kishinchand López

   

García Montero dice que existe un tipo de frío que cabe solamente detrás de una palabra. Es esa clase de susurro gélido que las personas notan al escuchar los pasos de la decepción, o el silencio; la cobardía, el miedo, la falta de conciencia, la ausencia de empatía. Las palabras no encierran solo el frío de una tarde de verano, también el calor de las noches invernales. Cada conjunto de letras esconde tras él una aventura, un drama, una vida. Y es que no es lo mismo enamorarse de la poesía que vivir enamorado de las palabras de su rostro. Todos los vocablos son consuelo de conflictos no resueltos; eliminación de recuerdos que perturban el equilibrio, catarsis.

Él vivía en un mundo posible y verosímil solo en su imaginación. Al narrar la historia de un soldado del aire entendió que la única lluvia que le había molestado era aquella que convertía el verbo en imagen.

Él sangraba tinta negra y aún no era impermeable. Siempre había sido muy radical y adoraba el contraste entre sus escritos y sus folios. P

ero no todo el mundo entendía sus excentricidades, y, por supuesto, no todos entendían sus palabras. Empezaba a pensar que ya ni siquiera entendían las palabras. Ellas, que en algún tiempo fueron reinas del universo, habían sido relegadas a premio de consolación.